Serie Espiritual
Diario de necesidad
En esta tierra de pobreza es difícil para mí dedicar mi tiempo y trabajo a una sola cosa, o seis o siete, porque la necesidad está por todos lados.
Por John Lange, M.M.
Texto y fotos de John Lange, M.M.
Martin Malila helps the people of his poor village to organize to meet some of their many needs.
Assumption Sister of Nairobi Florentina Ndunge surveys the future girls' boarding school which will be built with Maryknoll's help.
Flora Malatya, headmistress of the Mbooni Girls High School, opens the tap of a recently constructed water tank.
En esta tierra de pobreza es difícil para mí dedicar mi tiempo y trabajo a una sola cosa, o seis o siete, porque la necesidad está por todos lados.
Recientemente, me uní a la Hermana Florentina Ndunge de las Hermanas de la Asunción de Nairobi para construir una escuela secundaria en Wote, un pueblo como a unas 100 millas al este de Nairobi, la capital de Kenya. Digo una escuela, pero no crean que sólo es un edificio. Es una escuela de internado para más de 600 alumnas. Así que contamos que sean muchos dormitorios y aulas, además de una casa para las Hermanas. Originalmente prometí pagar solamente por la perforación de la tierra; es un terreno muy árido y no puede haber ninguna clase de escuela donde no haya agua. Después de escuchar la visión que la Hermana Florentina tiene de la escuela, me entusiasmé y me comprometí para hacer más. Ella vislumbra una escuela de dos clases por cada grado, donde las familias con mayor capacidad económica ayudarán a sostener a las chicas pobres cuyas familias tienen poco o nada.
Así que puse un donativo que yo había recibido recientemente en una cuenta de ahorros destinada para construir el primer edificio una vez que realicemos la perforación. No sabemos de dónde saldrá todo el dinero necesario para la escuela, pero las Hermanas han hecho tantos milagros aquí que confío seguiremos adelante. De hecho, ya hemos pagado a un arquitecto por los planos, y le dije al contratista que se apurara.
También he puesto esfuerzos en Mwala, una zona rural a 70 millas al noreste de Nairobi. Es el hogar de la Hermana Clare Ndunga. Su hermano, Martin Malila, ha organizado a los vecinos para construir un hospital para la comunidad. Les prometí un tanque plástico de agua para ayudarlos. Pero al ver que están en una carretera, dejé la idea del tanque plástico porque cuando las personas están desesperadas por agua, son capaces de causarle daño. Decidí mejor por un tanque de cemento. En el pasado le di ese trabajo a un contratista. Pero después de ver lo bien que Martin ha organizado a los vecinos quienes donan su labor para beneficiar a la comunidad, decidí apoyar ese espíritu de voluntarismo. Ellos construirán un tanque de 25,000 galones, el cual les llevará más tiempo, pero será suyo.
Martin también ha organizado a las mujeres de Mwala en un proyecto de tejer cestos de colores para generarles ingresos. Ellas cortan en tiras las hojas de sisal. Martin les da tinte y luego manda los cestos a Inglaterra para venderlos. Las mujeres ganan de $3 a $5 por cada uno, lo que parece mucho dinero en esta zona rural.
Volviendo a Nairobi, apoyé la construcción, recién terminada, de un pequeño edificio de apartamentos fabricados con láminas de hierro en la barriada pobre de LungaLunga. Este proyecto está destinado a apoyar la comunidad eclesial en ese lugar. La iglesia alquilará los apartamentos y utilizará el dinero generado para pagar a los catequistas y ayudar a enfermos con necesidad de ir al hospital. Esto me da esperanza que después que me vaya de aquí los fieles seguirán llevando a cabo el trabajo que hoy realizo.
Continúo con otros ministerios en las barriadas pobres de Nairobi. Ayudé a James Wambua con su fracturada pierna; le tuvieron que poner un soporte de acero y hoy está listo para que se lo quiten.
También están los pacientes del sida, como Elizabeth Achieng, de 38 años. Sus cinco hijos serán huérfanos si las medicinas antiretrovirales no funcionan. Los más chicos se quedan con vecinos puesto que Elizabeth tiene llagas en su torso y piernas. Los pobres siempre me asombran con su generosidad.
Otro proyecto que apoyo es Youth Alive, un programa de concientización sobre el VIH/SIDA para jóvenes. El grupo realiza 10 talleres al año. Le compré una computadora y financié el alojamiento y comida para los asistentes de uno de los talleres.
Durante una de mis visitas a la barriada Mukuru Kwa Njenga, conocí a Marian Wangangi, de 34 años. Ella me enseñó a mí y a las promotoras de salud quienes me acompañan en estas visitas un reporte de Kenyatta Hospital que indicó que tenía cáncer del ojo. Marian comenzó a llorar, pues le dijeron que iba a perder el ojo. Escribí a Kenyatta Hospital y les aseguré que yo pagaré por el tratamiento que Marian necesita.
No volví a ver a Marian hasta un domingo reciente después de la Misa. Le quitaron el ojo, y yo le prometí pagarle una prótesis. Ella parece resignada a su situación.
Rezo por ella y todos los residentes necesitados en Nairobi, por el nuevo hospital en Mwala, la escuela en Wote, por los que necesitan acceso al agua, y por todos los pobres y vulnerables aquí en Kenya y en el mundo.
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