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Para Estudiantes
Son una bendición
Una gripe no dejaba jugar a José Antonio, un niño de 11 años. Su abuela, Marta Lucía, fue a la clínica de la parroquia de San Bartolo, en Ilopango, un municipio en las afueras de San Salvador, capital de El Salvador, para que lo examinara un doctor.
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Texto y fotos de Octavio Durán, O.F.M.


Feligreses de Maryland visitan mural dedicado a Monseñor Oscar Romero en El Salvador.


Niña de la comunidad Bendicion de Dios, donde voluntarios de la parroquia La Resurrección de Ellicott City, Maryland, construyeron una cisterna para abastecer de agua potable a la población.


Suzanne Peroutka comparte con niñas del centro escolar San Bartolo en El Salvador.

Una gripe no dejaba jugar a José Antonio, un niño de 11 años. Su abuela, Marta Lucía, fue a la clínica de la parroquia de San Bartolo, en Ilopango, un municipio en las afueras de San Salvador, capital de El Salvador, para que lo examinara un doctor. Al llegar a la clínica, la abuela se llevó una grata sorpresa: José fue especialmente atendido por un doctor que vino de Estados Unidos.

El doctor formó parte de una delegación de 19 personas: médicos, enfermeras, ingenieros y jóvenes de la Iglesia La Resurrección de Ellicott City en Maryland, que fue a Ilopango para compartir una semana de hermandad parroquial con los feligreses de la Iglesia San Bartolo y para ayudar y compartir con los más necesitados. Cada día, los miembros de la delegación asistieron a unas 300 personas en las áreas de medicina general, pediatría y odontología.

"Es una bendición de Dios", dijo la doctora Cristina Leiva, directora de la clínica parroquial San Bartolo en agradecimiento al apoyo que reciben de la iglesia La Resurrección. La clínica, también construida con fondos de la parroquia norteamericana, ha recibido 10 delegaciones y atendido a miles de pacientes desde que se construyó.

Cada miembro de la delegación llega a El Salvador con el deseo de entregarse de lleno como voluntario y con dos maletas repletas de medicinas, cepillos dentales, pasta de dientes, y otros materiales. Llegan directamente a la clínica en donde se clasifica la medicina e instala una farmacia improvisada. Mientras los voluntarios con experiencia preparan la clínica, a los miembros nuevos se les lleva a un recorrido por la parroquia.

Aunque el objetivo del viaje es ofrecer servicios de salud, también se ayudó a resolver problemas como el del suministro de agua en la parroquia hermana. La comunidad Bendición de Dios, donde viven 94 familias en condiciones de pobreza, fue beneficiada con una cisterna que almacena 2,500 litros de agua. Se estima que con esta ayuda, los habitantes de Bendición de Dios tendrán agua durante dos o tres veces por semana. La cisterna fue un proyecto del ingeniero David Woessner, otros miembros de la delegación y vecinos de la comunidad quienes en espíritu de armonía y bajo un intenso calor tomaron picos y palas para terminar el proyecto.

Además de ofrecer ayuda a los feligreses de San Bartolo, la experiencia ayudó a los visitantes a tener una idea más clara de la realidad en un país en vías de desarrollo.

"Esta experiencia ha cambiado mi vida. Nunca había visitado un país tan pobre. Sabía poco sobre El Salvador, pero he aprendido mucho. No sé español, pero descubrí que uno puede comunicar mucho con una sonrisa", dice Susan Meyer, esposa del dentista y también voluntario Stephen Meyer.

Cada año, los miembros que se integran a la delegación conocen lugares que han marcado la realidad salvadoreña. Visitan al hospital Divina Providencia, donde el Arzobispo de San Salvador Monseñor Oscar Romero vivió y murió asesinado por un francotirador a sueldo; comparten con enfermos de cáncer, lo que les permite ver la precariedad del sistema de salud del pequeño país centroamericano. En la Universidad Católica, visitan el Centro Pastoral Monseñor Romero así como el lugar donde fueron asesinados los padres jesuitas en 1981. Finalmente, van a la catedral metropolitana, donde se encuentran sepultados los restos del Arzobispo Romero.

El recorrido les facilita una perspectiva del porqué es importante seguir ayudando a San Bartolo. De regreso, los voluntarios se integran a la delegación y son asignados a diversas zonas de la parroquia.

El viaje a El Salvador comenzó como un proyecto del Comité de Justicia Social de la parroquia de Maryland, cuya misión es ayudar a los más desafortunados. Fundado en 1991, el comité desarolla 14 proyectos dentro de los cuales está la ayuda a la parroquia San Bartolo, la cual tiene una población de más de 100,000 personas.

El párroco de San Bartolo, el sacerdote franciscano Domingo Solís, dijo que además del servicio de salud los miembros de la delegación ofrecieron charlas a los jóvenes sobre enfermedades sociales como de transmisión sexual y embarazo precoz.

Las necesidades de esta parroquia son muchas, pero con la ayuda que recibe, niños y jóvenes continúan sus estudios y una guardería infantil para los hijos de las mujeres que trabajan en las fábricas sigue funcionando.

Yo voy como un guía espiritual que ayuda a poner una perspectiva espiritual a la experiencia de cada día. Además, me satisface regresar a mi país natal con esta delegación, porque después de haber vivido en Estados Unidos por casi 30 años, puedo ayudar a que ellos entiendan la cultura salvadoreña y a los salvadoreños la cultura de sus hermanos norteamericanos.

Aunque no pertenezco a la parroquia de La Resurrección, como franciscano me identifico con el deseo de servir al más necesitado, especialmente porque dando es como recibimos. Por eso, al regresar de esta misión, me siento agotado físicamente por el intenso trabajo realizado, pero al mismo tiempo me siento muy revitalizado espiritualmente. Es gratificante compartir con personas que dejan todo por vivir una experiencia evangélica.


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