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La Gracia de la Cruz
Un crucifijo llamó la atención de Stephen Taluja cuando el joven sihk entró a una iglesia católica por primera vez en su estado de Punjab en el noroeste de India. Ahora, la cruz de Cristo define la senda de este sacerdote de 27 años.
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Por Margaret Gaughan, Fotos de Octavio Durán, O.F.M.


Taluja se postra ante el altar en ritual que simboliza que no merece ser sacerdote.


Taluja saluda a su hermana Manpreet Verma.


El Arzobispo de New York Timothy Dolan unge las manos de Stephen Taluja.

Un crucifijo llamó la atención de Stephen Taluja cuando el joven sihk entró a una iglesia católica por primera vez en su estado de Punjab en el noroeste de India. Ahora, la cruz de Cristo define la senda de este sacerdote de 27 años.

"Él pasará el resto de su vida llevando la gracia y misericordia de la cruz a través de su ministerio sacerdotal", dijo el Arzobispo de New York Timothy Dolan cuando ordenó a Taluja sacerdote de Maryknoll el 30 de mayo en la sede central de Maryknoll en Ossining, New York.

Aún antes que entendiera el significado del sufrimiento y muerte de Cristo, Taluja sintió el peso de su propia cruz cuando tenía sólo 15 años de edad. Por ese tiempo, el futuro sacerdote era estudiante en la escuela privada San Esteban en el pueblo de Chandigarh, donde era miembro del coro bajo la dirección de Harold Carver, un católico. Carver había llevado a miembros del coro a cantar en su parroquia, en la Vigilia de la Pascua de Resurrección, y a Taluja le impresionó que los asistentes le rezaban a "un hombre débil y moribundo". "Le hice muchas preguntas a Carver sobre la fe católica", dice Taluja.

En medio de su búsqueda espiritual, su mamá murió. "Comencé a cuestionar el significado de la vida", recuerda Taluja. "Pregunté, '¿Dónde está Dios cuando cosas así pasan?'" Con la ayuda de Carver, vio la conexión entre la vida, muerte y resurrección de Jesús como un modelo para todos. Este joven, cuyo nombre de nacimiento es Jaideep Singh, fue bautizado un año después con el nombre cristiano de Stephen.

Luego, otra cruz a enfrentar: el miedo a que su cambio de fe ofendiera a su padre y tres hermanas. "Imagínense un hijo o hija convertirse en budista", dice, enfatizando cómo un cambio radical de religión afecta a la mayoría de las familias. El suyo no fue una excepción.

Tres años después, él añadió el anuncio que quería ser sacerdote misionero después de venir a New York con una visa estudiantil para estudiar informática. "Desde luego que mi familia se preocupó, pensando si el celibato y la misión eran para mí", comenta. "Soy joven y el único hombre de una familia cuya cultura da mucha importancia en continuar el nombre de la familia".

Mirando a sus tres hermanas y sus familias, quienes vinieron a su ordenación y Misa de acción de gracias al día siguiente, y recordando a su padre, quien envió su bendición, el nuevo sacerdote, lleno de orgullo, dijo: "Todavía tengo temores y preocupaciones, pero la mano del Señor obró a través de mí y ahora mi familia públicamente me ha dado su apoyo".

Su hermana Manpreet Verma explicó el cambio de actitud de la familia: "Cuando uno encuentra lo que quiere hacer se siente feliz. Él es feliz, así que nosotros somos felices".

Taluja agradece a muchas personas por ayudarlo a encontrar lo que quería hacer, incluso a Patti Copeland, quien colaboraba con el coro de la parroquia Elizabeth Ann Seton en Shrub Oak, New York, donde Taluja fue feligrés y se unió al coro después de llegar a Estados Unidos en el 2000. Copeland, quien fue también directora de coro en Maryknoll, invitó al coro de Shrub Oak a cantar en la capilla de Maryknoll. Taluja se impresionó con los misioneros que entonces conoció y regresó para conocerlos mejor. "La historia de su servicio a los pobres en el extranjero influyó en mi joven mente de 20 años", dice. Con su ayuda, con oraciones, él pudo discernir su llamado a ser misionero. Se unió a la Sociedad de Maryknoll en el 2002.

Después de graduarse con título en estudios religiosos de St. Xavier University en Chicago, Taluja comenzó su programa de entrenamiento en el extranjero. Sabiendo inglés y hindi, añadió el idioma español a su repertorio en el Instituto de Idiomas de Maryknoll en Cochabamba, Bolivia, y vivió y trabajó por casi dos años con el pueblo aymara en el altiplano de Perú. Esa fue una experiencia decisiva para ser sacerdote de Maryknoll.

Primero, cita el apoyo que recibió de los misioneros de Maryknoll sirviendo en la región, especialmente los Padres Michael Briggs y James Madden. "Mike es párroco de la parroquia donde trabajé. Es el único sacerdote en una población de 90,000 personas", dice Taluja. "Una de mis labores era entrenar catequistas para servir en las comunidades rurales. Mike me dio la libertad para hacerlo".

Una vez cuando Briggs estaba de vacaciones y Taluja administraba la parroquia solo, unos ladrones entraron a la iglesia y robaron artefactos sagrados. "Los ladrones llamaron para negociar y me amenazaron", recuerda. "Entonces el Padre Madden vino, se quedó conmigo y me ayudó, como lo hubiera hecho un padre", comenta Taluja, añadiendo que también recibió mensajes de apoyo de otros misioneros de Maryknoll. "Comencé a pensar, 'Voy a tomar un voto permanente a la misión, pero será un voto a estos hombres quienes son mis hermanos'. Me siento como en casa con ellos".

También se sintió como en casa con el pueblo aymara, cuya fe inspiró la suya propia. De ellos pudo tener una nueva idea de lo que significa la cruz de Cristo. Describiendo su ritual del Viernes Santo, Taluja dice, "Los feligreses se reunían a las dos de la mañana para rezar. Entonces iban en procesión para llevar una cruz que era tan pesada que tomaba 10 hombres para cargarla. Hacía un frío intenso, pero cargaron esa cruz loma arriba por tres o cuatro horas. Confieso que yo no lo hubiera hecho si no fuera por ellos. Son muy comprometidos. Yo tenía tres pares de guantes y no pude cargar la cruz por más de cinco minutos". Pero cuando vio que todos tomaban turno para compartir la carga, Taluja llegó a una conclusión: "No tenemos que cargar la cruz solos. El peso puede ser compartido con Jesús y con
el prójimo".

Taluja aplica esa lección a su vida como sacerdote misionero. No está seguro dónde servirá cuando termine su maestría en Sagradas Escrituras, pero está seguro de lo que hará. "Quiero saber más sobre la muerte y resurrección mientras ayudo a las personas a encontrar a Dios en sus luchas diarias", dice. Sabe que esas personas a la vez lo ayudarán a encontrar a Dios.


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