Revista
El jardín de El Cedro
Por Erik y Margaret Cambier
Con los crecientes costos de los alimentos, las mujeres de El Cedro, un área rural cafetera en las afueras de San Salvador, capital de El Salvador, se preguntaban si ellas podrían comprar frijoles, uno de sus alimentos básicos. Los vegetales son productos caros y escasos y la gente no está acostumbrada a comerlos.
"Tendría que ir hasta la ciudad para comprarlos y simplemente no me alcanza", dice Juana, una de las mujeres de El Cedro.
Pensando en eso, mi esposo Erik y yo ayudamos a empezar un huerto comunitario en el centro juvenil que dirige la Hermana Ana Rosa Morán, una salvadoreña de la congregación Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul.
El centro responde a múltiples necesidades de la población: tiene un jardín infantil, una escuela de costura, un centro de aprendizaje de computación sin acceso al internet y otros programas de ayuda adicional para escolares.
Todo suena muy bien, pero la verdad es que el centro tiene dificultades para ofrecer el personal y los elementos que hacen posible que ocurran estas actividades.
En el Cedro, hay escasez de servicios y la vida es muy difícil. Los niños se bañan en el río mientras sus madres lavan la ropa que han cargado desde sus casas. Ellas también cargan sobre sus cabezas, agua, leña y el maíz que llevan al molino para luego hacer tortillas. Los hombres por su parte caminan o viajan largas distancias para trabajos mal remunerados en la ciudad o en el campo.
Los pobladores de El Cedro, además de cosechar café sólo están acostumbrados a sembrar maíz, frijoles y recoger frutas de los árboles. Con esa dieta
restringida la desnutrición es un problema. Por eso, los huertos en los hogares se están convirtiendo en una necesidad y el huerto comunitario del centro en un modelo a seguir.
Pero iniciar el huerto no fue fácil. Don Teodoro, el encargado de mantenimiento del centro, hasta hace poco sólo se encargaba de la jardinería. Dudaba iniciar algo nuevo. Con nuestro apoyo y la compra de semillas, fertilizantes, mangueras, libros de jardinería, una pala y una carretilla, él está aprendiendo en la práctica cómo cultivar vegetales para el programa de alimentación del centro y para vender en la comunidad.
Hasta el momento todo va bien. Pepinillos, tomates, lechugas, pimientos, hierbas y otros vegetales son el fruto de su trabajo. Muchos niños y adultos han comido y disfrutado de estos vegetales por primera vez en sus vidas.
"Nunca imaginé que trabajaría en un jardín tan hermoso", dice Don Teodoro. "Las plantas son como mis bebés. Y mucha gente de la comunidad ha comido vegetales y hierbas que nunca comieron".
En el programa nutritivo del centro, los preescolares y los niños de escuelas públicas reciben un almuerzo nutritivo a un precio muy bajo. Para muchos de ellos, la comida que reciben puede ser su única comida del día. El programa de alimentación le ofrece a 122 niños un vaso de leche para el desayuno y un almuerzo.
El programa es un esfuerzo comunitario. Las madres y abuelas realizan trabajo voluntario para preparar la comida en cocinas a leña. Los niños llevan sus propios utensilios para comer y lo que no acaban lo llevan a su casa para comerlo luego o compartirlo. El menú varía cada día, pero tortillas frescas de maíz siempre acompañan cada comida. Ni un bocado se desperdicia. Hasta los perros locales merodean alrededor de las mesas en busca de las migajas.
Concha, una anciana descalza y con necesidad de un trabajo dental, alegremente realiza trabajo voluntario en el centro. "Trabajar aquí es mi placer", dice. Ella obtiene un almuerzo gratis por su trabajo voluntario.
El jardín se ha expandido más allá del dominio de Don Teodoro y ahora incluye a otros hombres y mujeres del pueblo. Como la tierra en el área es de muy mala calidad, para poder cultivar los productos, buscamos mejor tierra. Armados con azadas y sacos de yute, el grupo se subió a nuestra camioneta y fuimos a un cercano campo cafetero para cosechar no café sino tierra. Los hombres aflojaron la tierra y las mujeres llenaron las bolsas con el precioso producto. Después de tirar cuidadosamente la tierra en la parte de atrás de la camioneta, regresamos al huerto. Después de muchos viajes la gente estaba lista para empezar.
Inicialmente, una vez a la semana, un ingeniero horticultor vino al centro para dar consejos prácticos y talleres de cultivo de vegetales. Cada día,
diferentes grupos de mujeres regaron las plantas y ayudaron a atender el jardín. Mirar cómo brotaron las primeras plantas fue una experiencia emocionante y las mujeres cuidaron de cada una con cariño. A cambio de su trabajo, las mujeres recibieron semillas y otros suplementos. El objetivo era darles experiencia para que cada una pueda tener su propio huerto familiar de vegetales. Esto se está convirtiendo en una realidad. Lillian, una de las mujeres dijo alegremente, "¡Ahora tengo plantas de tomates, pimiento, y pepinillo creciendo en mi casa!"
Por otro lado, hemos experimentado con el crecimiento hidropónico de vegetales, pero los nutrientes son caros y es difícil conseguirlos. Por eso, hacemos crecer las plantas más grandes en bolsas individuales. Estamos trabajando para mejorar la tierra, crear campos de cultivo y esperamos construir un pequeño invernadero para empezar a plantar semillas para el programa de alimentación.
Además del huerto comunitario, proveemos becas escolares, ayudamos dando clases de computación, enseñamos inglés, damos tutoría en matemáticas, trabajamos con proyectos de desarrollo para mujeres, y supervisamos actividades para jóvenes y un programa de alfabetización. Nosotros hacemos cualquier cosa que sea necesaria en el centro y en la comunidad.
Es un placer ver a las mamás comprando productos asequibles para sus familias y a los estudiantes masticando los pepinillos y rabanitos durante su recreo y comiendo vegetales en su almuerzo. Estamos agradecidos de los benefactores de Maryknoll quienes han hecho posible este proyecto. Está marcando la diferencia en muchas vidas en El Cedro. Como dice Santos Olivia, una mujer del programa, "Con todos los vegetales, los niños están comiendo mejor que antes. Sus dietas se han enriquecido. Todos nosotros estamos aprendiendo y experimentando mucho. Nuestras vidas están cambiando para bien. ¡Gracias a ustedes!"
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