Revista
El Proyecto Amistad
Por Jessica Powers, Fotos cortesía de Proyecto Amistad
Mirna Rivera siempre recordará el día que una gerente de banco la llamó para decirle que había notado algo sospechoso con uno de los clientes de Rivera. Un hermano y hermana, ambos incapacitados mentalmente, habían empezado a cobrar los certificados de depósito de su madre.
Rivera, quien trabaja para el Proyecto Amistad, una organización sin fines de lucro que asume la tutoría de ancianos e incapacitados mentales en El Paso, Texas, investigó y descubrió que la madre de los hermanos había muerto. Alguien estaba explotando a los hermanos y tomando el dinero de su madre. "Referimos el caso a las cortes", dice ella.
Por último, Proyecto Amistad recibió la custodia de los hermanos. Como tutores, ellos manejan el dinero de los hermanos y se aseguran que tengan vivienda, comida, y que sus necesidades médicas sean satisfechas.
Desafortunadamente, los buenos samaritanos como la gerente del banco son escasos. Con mayor frecuencia, los ancianos e incapacitados son explotados y nadie se da cuenta, según Mónica Hernández, una trabajadora social del Proyecto Amistad. Es difícil reconocer lo bueno [en las personas] porque hemos tratado con muchas personas que han sido explotadas", dice.
"Hay una población en Estados Unidos que ha sido olvidada y ellos son los ancianos", dice Xavier Bañales, director ejecutivo del Proyecto Amistad. "Nuestra agencia es considerada como los guardianes de último recurso. Cuando no hay quien cuide de la persona incapacitada, entramos en juego".
Proyecto Amistad, el cual empezó en 1976, provee una variedad de servicios para los ancianos y, en menor grado, para los incapacitados. La agencia
se enfoca en dos programas importantes para ancianos—transporte hacia y desde las instalaciones médicas y tutoría. Justo como la palabra lo sugiere, la tutoría es un término legal que indica que la agencia, efectivamente, se ha convertido en los "padres" de un anciano o un individuo incapacitado mental quienes no pueden cuidarse por ellos mismos. Cuando la agencia asume la tutoría de una persona de edad, hace los trámites con los asilos de ancianos, hogares de cuidado para adultos, y otras agencias que proveen servicios para adultos.
En El Paso, la población de hispanos ancianos está creciendo y los servicios del Proyecto Amistad son más solicitados. La fuerte tradición cultural de que las familias hispanas cuidan de sus familiares ancianos está cambiando. Muchos padres sobreviven a sus hijos; en otros casos, los familiares se sienten agobiados por las necesidades de sus ancianos y sienten no ser responsables. Si viven en otro estado, no pueden asumir las responsabilidades diarias de sus familiares ancianos. Hernández calcula que alrededor del 50 por ciento de sus clientes no tienen familiares, 25 por ciento tienen familiares que viven en otros estados, y 25 por ciento tienen familiares que simplemente no quieren lidiar con ellos.
Y siempre hay sorpresas. "Una vez un hijo se apareció en el funeral de una clienta y nos preguntó porqué no le habíamos avisado acerca de su mamá", dice Bañales. "Apareció de un momento a otro, después que habíamos trabajado con su madre por varios años. Hicimos lo que pudimos con la información que teníamos, pero no sabíamos que él existía".
Los ancianos son algunas veces víctimas de personas sin escrúpulos quienes abusan de ellos o los explotan, tomando los beneficios de su seguro social u otras fuentes de ingreso.
Hernández describe un caso reciente en el que liberaron a una mujer de 77 años de edad con cáncer rectal de una situación de vivienda peligrosa y abusiva. "Ella vivía con un señor, como de 50 años," dice Hernández. "Había negligencia física, abuso sexual. Fue algo tan serio que ella tuvo que ir al hospital. Esa fue nuestra oportunidad para sacarla de su casa y ubicarla en una casa de acogida".
La pregunta de cuándo el estado tiene derecho a intervenir y tomar decisiones por alguien es siempre un problema delicado, según Bañales.
"Hay una cosa llamada decisión personal", dice él. "Si tú escoges vivir en desorden, ese es tu derecho. Si escoges no bañarte, o tener tu casa llena de periódicos, ¿quién es el gobierno para entrar? Pero si esto se convierte en un problema de salud, y si la persona muestra que no tiene la habilidad de tomar decisiones personales, ahí es cuando el gobierno interviene". Algunas veces, dice Bañales, puede ser difícil determinar cuándo un individuo cruza esa línea entre escoger vivir de esa forma y no ser capaz de tomar decisiones personales.
Proyecto Amistad juega un rol crítico en El Paso, una ciudad con bajos recursos por negligencia política estatal. "Nosotros somos la única agencia sin fines de lucro que provee servicios de tutoría en el condado de El Paso", dice Hernández. "Si nosotros no ayudamos a estas personas, no hay nadie que lo haga".
Ellos trabajan junto con otras agencias–el departamento estatal de servicios de protección para adultos, (Adult Protective Services), juzgados, y otras organizaciones legales, gubernamentales y religiosas. Bañales dice que El Paso recién se está recuperando de un escándalo en el 2004 que involucró al sistema estatal de protección del envejeciente.
"Hace seis años, hubo una protesta porque el estado estaba haciendo un mal trabajo con los servicios de protección del envejeciente", dice "La directora regional de West Texas tenía su sede en Amarillo. Llegaba una vez al mes por tres o cuatro días. Tenían poco personal en El Paso, lidiando con seis condados".
En una serie de noticias, el Dallas Morning News reveló caso tras caso de negligencia. "Un caso que tuvimos fue el de una anciana que dormía en su
carro. No podía entrar a su casa por el desorden. Oficiales del departamento de servicios de protección del envejeciente habían estado ahí un par de veces y escrito un reporte [pero no hicieron nada acerca de la situación]. Todo el sistema estatal estaba quebrado", dice Bañales. "Como resultado de una protesta pública, El Paso ahora tiene su propio director regional para Adult Protective Services. El número de trabajadores sociales casi se triplica de la noche a la mañana". Desde entonces, el Proyecto Amistad ha visto una mejora en los servicios y ahora son capaces de servir mejor a sus clientes.
Ausencio Valdez es un cliente de Proyecto Amistad. Aunque más joven que muchos otros clientes, Valdez tuvo cinco operaciones en el 2008 y ahora sufre de una severa y frecuente convulsión.
"Necesito a alguien para que me cambie mi dinero," dice, "y que me lleve a las citas con los doctores". Si él tuviera que encargarse de sus propias necesidades financieras y médicas, tendría que tomar varios ómnibus sólo para ir al banco o la oficina del doctor. El riesgo de tener una convulsión en la calle es muy real y ya ha pasado. Proyecto Amistad le ayuda a manejar su dinero y le provee el transporte para sus necesidades médicas. "Ahora no me tengo que preocupar por nada", dice él.
Un trabajador social en Proyecto Amistad maneja un promedio entre 30 a 35 clientes. Eso representa mucho papeleo y muchas visitas a las casas de residencias y hogares de cuidado para adultos. Adicionalmente, los clientes ancianos e incapacitados no son fáciles de tratar. Bañales relata la historia de un trabajador social que recientemente fue golpeado en la cara por un anciano en un evento de recaudación de fondos de Proyecto Amistad. "Él debe recibir una medalla", bromea Bañales.
Pero de acuerdo a Rivera y Hernández, el trabajo arduo que ellas realizan vale la pena.
"Estoy haciendo cambios significativos en la vida de las personas sacándolas de ambientes negligentes", dice Hernández. "Aunque no puedo cambiar el mundo, al menos sé que estoy ayudando a alguien. Saber que mis clientes ancianos ya no estarán sujetos a abuso emocional, físico o sexual me motiva a seguir haciendo lo que hago".
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