Revista
¡Basta de violencia doméstica!
Por Kathleen Bond, MKLM
Un oscuro viernes reciente en João Pessoa, Brasil, María da Penha Ferreira Silva dos Santos, de 38 años de edad, me confesó que el que pensó era el hombre de sus sueños, su esposo, durante cinco años le pegó a diario.
"Mi esperanza de un buen matrimonio se convirtió en una pesadilla" dijo. "Después que nos casamos, él comenzó a decirme a quién podía visitar, dónde podía ir, qué me podía poner. Si no lo obedecía, me pegaba. Cuando comenzó a pegarle a mi adolescente hija, lo dejé".
Silva dos Santos, ahora una líder comunitaria y trabajadora social municipal, participó en un curso de dos meses sobre violencia doméstica ofrecido por la Hermana de Maryknoll Efu Nyaki, la Misionera Laica de Maryknoll Kathleen Bond y las educadoras brasileñas Terlúcia da Silva y Verónica Lopes. En cooperación con el gobierno de la ciudad, el curso para 65 mujeres y hombres líderes comunitarios fue implementado en tres vecindarios que tienen altos índices de violencia doméstica.
La historia de violencia doméstica de Silva dos Santos, no es un caso único en Brasil. Según la fundación Perseo Abramo, una mujer es golpeada cada 15 segundos aquí, significando más de dos millones de casos por año. En el 70 por ciento de los casos, el agresor es el compañero actual o pasado de la víctima. La región noreste tiene el peor índice. En el 2008, 43 mujeres fueron asesinadas por sus antiguos compañeros en Paraíba, un estado de 3.3 millones cuya capital es João Pessoa.
"Muchos creen que la violencia doméstica es un problema de mujeres, pero nosotros lo vemos como un problema costoso para toda la sociedad, que consume los servicios del gobierno a través de asistencia médica y servicios psicológicos adicionales para la familia; sobrecarga el sistema judicial incluyendo la policía, el tiempo en las cortes y las prisiones; y requiere fondos educativos extras porque los hijos de familias abusadas a menudo tienen dificultades en la escuela", dice Nyaki, quien ha trabajado con mujeres y problemas de salud por 15 años en João Pessoa. "La violencia doméstica afecta a hombres y mujeres así que ambos tenemos que estar involucrados para confrontarla".
El curso se enfoca en trabajar con líderes comunitarios para lograr la implementación total de la legislación contra la violencia doméstica aprobada en agosto del 2006. La ley, llamada Maria da Penha en honor a otra María de Penha quien quedó parapléjica después de dos intentos de asesinato por su ex esposo, es innovadora en Brasil pues define la violencia doméstica como un crimen. Previamente, los acusados sólo recibían una multa equivalente al costo básico de alimentación mensual y raramente eran encarcelados. Adicionalmente, la legislación extiende la definición de violencia doméstica y no sólo incluye a la violencia física sino también a las amenazas, la violencia sexual y la destrucción de la propiedad incluyendo a documentos legales como diplomas y tarjetas de trabajo que las mujeres necesitan para trabajar fuera de la casa.
"Ahora cuando una víctima de violencia doméstica llega a nuestra puerta, no sólo escuchamos su historia", dice Jardel Cabral Fagundes, de 46 años de edad, coordinadora del Centro para Ciudadanía en Mandacaru. "Compartimos con ella la ley, la acompañamos a la estación de policía, y la referimos a servicios legales y sociales gratuitos ofrecidos por la oficina municipal para asuntos de la mujer".
La ley requiere que todos los estados establezcan cortes especiales con jurisdicciones civiles y criminales exclusivamente para casos de violencia doméstica. Esta medida es crucial porque muchas mujeres no presentan cargos debido a la falta de medidas para el cumplimiento de la ley como órdenes de restricción que protejan a las víctimas mientras esperan un juicio, los cuales tienden a extenderse por años en las cortes regulares. Para presionar al gobierno del estado a que instalara la corte especial—Paraíba es uno de cuatro estados que no han cumplido con el requisito—el movimiento de mujeres ha hecho protestas mensuales que terminan en los escalones de la capital estatal. También
demandan que se reabra la casa refugio para víctimas y sus familias cerrada hace dos años debido a falta de fondos del estado.
Durante el curso, los participantes reflexionan sobre la relación entre el género y la violencia doméstica. Debido a que las víctimas frecuentemente son culpadas de provocar la violencia y criticadas por no abandonar la relación abusiva, las líderes comunitarias estudian el Ciclo de Violencia Doméstica elaborado por la Dra. Lenore Walker de la estadounidense Nova Southeastern University. Esperamos desafiar a las participantes a cambiar la pregunta de la comúnmente oída: "¿Por qué las mujeres no dejan una relación abusiva?" a "¿Por qué las mujeres se quedan en una relación abusiva?" La respuesta es frecuentemente una combinación de varios factores, incluyendo, pero no limitado a, el miedo a mayor violencia o muerte, falta de fe en el sistema judicial, dependencia económica, posible separación con los hijos, vergüenza, y falta de apoyo si deciden irse.
Silva dos Santos, Fagundes y sus colegas están explorando maneras innovadoras de implementar lo aprendido en el curso.
"La Ley Maria da Penha no existía cuando fui abusada", comenta Dos Santos, "ahora existe y nosotras como líderes comunitarias necesitamos asegurarnos que todos la conozcan. El curso me dio las herramientas para hacerlo". Esas herramientas incluyen la organización de eventos, el reparto de materiales de prevención de violencia doméstica y la difusión del tema a través de teatro en la calle. "Tengo que ser un ejemplo para mis hijos adolescentes para que aprendan que las mujeres y los hombres necesitan ser compañeros en sus relaciones".
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