Mayo/Junio 2012
Recibe Revista Maryknoll o entregala como un regalo especial
Magazine

Revista
Una vida nueva
Poco antes de salir en libertad, Samuel, un preso adicto a la heroína recibió la visita de una capellán católica en la prisión de máxima seguridad en Riverhead, New York.
Por Mary Ellen Manz. M.M

Poco antes de salir en libertad, Samuel, un preso adicto a la heroína recibió la visita de una capellán católica en la prisión de máxima seguridad en Riverhead, New York. Cuando la capellán, la Hermana de Maryknoll Maureen Hanahoe, le preguntó si pensaba dejar las drogas, él respondió que lo pensaría cuando saliera.

Los dibujos que aparecen en este artículo fueron hechos por internos de Riverhead Correctional Facility en Long Island, New York."Si esperas hacerlo hasta después de salir, entonces nunca lo harás", le dijo Hanahoe. De pronto, la misionera vio como una chispa en los ojos del preso y él respondió: "Haré lo que sea necesario, iré donde sea para dejar la droga".

La semana siguiente, Samuel buscó a Hanahoe para confesarle que cuando ella le hizo la pregunta, él sintió una fuerza interior.

"Cuando Samuel fue puesto en libertad no regresó a su barrio ni a sus amigos," dice Hanahoe. "Entró en un programa de rehabilitación y ha comenzado una vida nueva".

Ayudar a personas como Samuel ha sido una recompensa en su trabajo como capellán de prisiones. "Veo con mis propios ojos cómo entran en relaciones de mayor confianza", explica. "Aquí empiezan a entender su pasado, aceptar y valorarse a ellos mismos por quienes son y descubren a un Dios que los ama incondicionalmente y los cambia desde adentro".

Hanahoe, quien considera que su ministerio en las prisiones es una llamada especial de Dios, admite que eso era algo que ella no había planeado cuando sirvió por 27 años en el altiplano de Perú, donde trabajó con mujeres, principalmente en ministerios de salud y de formación de pequeñas comunidades cristianas. En el 2003, cuando regresó a New York para cuidar a su papá quien padecía una enfermedad terminal, Hanahoe también quiso servir a su diócesis de Rockville Centre. Al poco tiempo, conoció al Hermano franciscano Jack Moylan, encargado del ministerio de prisión en la Diócesis de Long Island. Él la invitó a ayudar.

Al saber que casi una tercera parte de todos los reclusos en las prisiones del área hablan sólo español, Hanahoe comprendió que su fluidez en el idioma y su experiencia en consejería en Perú serían de gran ayuda para el trabajo. "Decidí intentarlo", dice.

La cárcel del condado de Nassau fue el primer lugar donde inició su ministerio. "Al recorrer los pasillos y conversar con los presos descubrí que muchos eran inmigrantes de Centroamérica, Perú, Colombia y Ecuador; quienes esperaban ser sentenciados, a menudo por pertenecer a pandillas y por traficar drogas". Hanahoe descubrió que esto era particularmente cierto en su ministerio en la prisión de máxima seguridad de Riverhead, en el condado de Suffolk. Como capellán, la tarea de Hanahoe era ayudar a los encarcelados a encontrar esperanza. Los invitó a unirse a un grupo de reflexión donde podían tener un sentido de comunidad a través del intercambio de ideas y al escuchar a otros. "Fue lento al principio, hasta que empezó a crecer la confianza", dice Hanahoe. "Eran hombres lastimados con cargas pesadas del pasado quienes encontraban muy difícil compartir sus sentimientos más íntimos, pero poco a poco todo fue cambiando". Con la ayuda de voluntarios de la comunidad exterior, se formó un grupo de estudio bíblico, con Biblias en español, para los interesados y se formó una pequeña biblioteca con materiales de reflexión. Las liturgias semanales se animaron con música y tradiciones latinoamericanas. La misionera de Maryknoll ayudó a organizar retiros dos veces al año, donde los presos compartían sus testimonios sobre cómo sus vidas iban cambiando. A través de boletines mensuales, ella los invitó a compartir poesías, reflexiones y dibujos, lo cual se transformó en un instrumento de esperanza para ellos. "A través de todo esto comencé a sentir una libertad interior, percibiendo las acciones de Dios a través mío y dentro de los eventos diarios", dice la misionera.

La Hermana de Maryknoll Maureen Hanahoe comparte el mensaje del Evangelio con los prisioneros.En el 2008, el padre de Hanahoe murió y ella regresó a su misión en Tacna, Perú. De nuevo, mientras buscaba un ministerio, le pidieron que fuera capellán en dos prisiones. Con toda la experiencia que obtuvo en New York, estaba preparada para trabajar con mujeres y hombres en las prisiones.

Un día, Cristian, un preso del grupo de reflexión bíblica, le dijo a Hanahoe que él había comenzado a reflexionar sobre su vida y a entender de dónde provenían su miedo y su ira. "Pienso que he crecido mucho, quiero tener una amistad con Dios y quiero ser bautizado, pero no conozco a Jesús", dijo.

Hanahoe le dio una Biblia y le dijo, "lee a diario una pequeña sección del Evangelio de Lucas, escúchalo, reflexiona y descubrirás quién es Jesús".

Después de un tiempo, Cristian volvió a ver a Hanahoe para decirle que él había estado leyendo los milagros de Jesús y se preguntaba si sólo eran cuentos o magia.

"Entonces pensé en mí y en la manera que Dios está trabajando en mí para liberarme", dijo Cristian. "Eso es un milagro, ¿no?"

Lea más sobre las Hermanas de Maryknoll.

Para comunicarse con Revista Maryknoll This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it

Ayuda a las Hermanas de Maryknoll en su labor.

© 2012 Padres y Hermanos de Maryknoll PO Box 304Maryknoll, NY 10545-0304(888) 627-9566Contactanos