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Cuentos Misioneros
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Cuentos Misioneros, Julio/Agosto 2010 Cuentos Misioneros por Julio/Agosto 2010
Cuando trabajaba en uno de los últimos talleres del año, estaba con una de mis compañeras de trabajo quien tiene sida. En todos nuestros talleres de VIH/SIDA le pedimos a alguien con la enfermedad que dé su testimonio. Esa noche, Lupe hizo doble trabajo como presentadora del taller y al final de la noche dio su testimonio. Al escuchar su historia otra vez, me di cuenta que cuando hago estos talleres soy una educadora, una testigo, pero para ella, eso es su vida. Los testimonios de los hombres y mujeres que son vih positivo causan un tremendo impacto en las personas que los escuchan porque se dan cuenta que las personas con vih no son todas prostitutas o adictos a las drogas sino personas como ellos quienes tienen la desgracia de estar infectados. Siempre tuve un dispensario en todas las parroquias donde he trabajado con los indígenas quechua y aymara en Perú. Un día en la parroquía de San Taraco en el altiplano de Puno, un joven de apellido Yaguno vino y me preguntó si tenía pastillas para un resfrío, estaba congestionado. "Sí, señor Yaguno, aquí hay cinco pastillas: una para esta tarde, dos para mañana, una temprano y la otra para la tarde, y dos para el día siguiente, mañana y tarde". Al día siguiente volvió y me dijo, "¡Padre, veo estrellas, oigo pequeñas campanas sonando en mis oídos!” “¿Yaguno, tomaste todas las pastillas que te di?" "¡Sí, Padre, si una es buena, cinco son cinco veces mejor! ¿No?" "Yaguno, ve a casa y acuéstate, eso se te pasará, ¡y espero que tu resfrío también!" Cuando enseñé en el Coptic Catholic Seminary en Cairo, Egipto, fui conocido como el defensor de los seminaristas "ovejas negras". Yo pensaba que ellos iban a llegar a ser unos buenos sacerdotes a pesar de las opiniones de otros en el concejo del seminario. Ayman Awad fue una de estas almas desafortunadas quien luchaba para sobrevivir el escrutinio del comité de evaluación anual. Cuando finalmente fue ordenado, su padre corrió hacia mí, me abrazó y dijo: "¡Felicidades! ¡NUESTRO hijo es un sacerdote!" Puedo ser célibe y no tener mi propia familia, pero tengo muchos hijos y algunas hijas en el Señor.
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