Enero/Febrero 2012
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Pisando Tierra Firme
El Padre de Maryknoll Thomas Burns fue testigo de la violencia guerrillera en Peru
Por Joseph Federa, M.M. Sean Sprague

En las misiones: Perú

Durante los momentos más intensos de la violencia política en Perú a principios de la década de los noventa, el Padre de Maryknoll Thomas Burns decidió seguir viviendo con una humilde familia en un barrio pobre de Lima, aún cuando sacerdotes católicos, religiosas y laicos eran asesinados por el grupo guerrillero Sendero Luminoso.

Burns se quedó en Perú, como otros muchos misioneros en aquel tiempo, porque, básicamente, él ya había puesto su vida en peligro cuando aceptó la invitación del Señor de ser misionero de Maryknoll.

"Cuando uno está en medio de una situación violenta, gracias a Dios, uno reprime el miedo", dice Burns, quien más tarde fue diagnosticado y tratado por síndrome de estrés postraumático el cual incluyó alucinaciones e hiperventilación. "De otra manera no puedes funcionar".

Mucho antes que Sendero Luminoso comenzara su sangrienta campaña de terror en 1980, este sacerdote de Queens, New York, ya se había comprometido a entrar en esa encrespada realidad de los pobres, y hacerlo con compasión. "Necesito sentir que piso tierra", dice. "Soy el tipo de persona que sigue lo que le dice el corazón primero, y luego lo piensa". Sentirse pisando tierra en un lugar como Pamplona Alta, una barriada al sur de Lima donde Burns ha vivido por 36 años, significa sobrevivir en un mundo donde los bebés mueren prematuramente y adonde huyen los refugiados de las regiones devastadas por la violencia económica y política.

Un bebé falleciendo durante los primeros años de Burns en los asentamientos humanos que brotaban alrededor de Lima, empujó al sacerdote a la acción. Un día, mientras conversaba con un sacerdote que vino de visita de Seattle, Washington, alguien tocó la puerta. Era una mujer con un bebé en sus brazos que le pedía a Burns un bautizo de emergencia. Después del bautizo, el sacerdote de Seattle dijo que en sus 15 años de sacerdocio nunca hizo un bautizo de emergencia aunque había trabajado en parroquias pobres. "No lo podía creer", dice Burns. "¿Cómo puede (un sacerdote) trabajar con los pobres y no hacer un bautismo de emergencia? Eso es parte de la vida. Después me di cuenta que no debe ser parte de la vida, que no es natural, que está mal".

Burns estaba furioso pero, como toda persona centrada, canalizó su furia hacia una apasionada búsqueda por la justicia. Él cabildeó ante el congreso de Estados Unidos, demostrando la conexión entre los pagos de deuda externa y los bautizos de emergencia y ayudó a avanzar una enmienda exigiendo que los programas de reajustes de la deuda incluyan la protección a los pobres. Maryknoll nombró a Burns su representante de Justicia y Paz en Perú.

Promover la justicia, principalmente para las masas de pobres que invadían tierras vacantes en el desierto al sur de Lima, puso a Burns en la lista de observación del gobierno y de los terroristas. Una vez, un agente secreto del gobierno grabó su prédica durante un bautizo, y más tarde, cuando Sendero Luminoso llevó su guerra contra el gobierno a Lima, con una campaña de carros bombas y asesinatos, el larguirucho misionero recibió un mensaje sutil de un miembro de su propia parroquia quien se había unido a los rebeldes.

Burns recuerda que en una comida en la parroquia a principios de los noventa, Lucho, un antiguo feligrés de la parroquia, se le acercó para hablarle. "¡Qué milagro!" pensó el sacerdote. Burns conocía a Lucho porque fue un miembro del coro con intenciones de ingresar al seminario. Burns siempre admiró a Lucho–hasta después que dejó de ir a la parroquia–porque era un joven apasionado, un líder natural. Cuando Lucho se le acercó, le dijo al sacerdote que lo había oído predicando en la Misa. También le dijo que era miembro de Sendero Luminoso.

Burns tardó un poco en darse cuenta que había sido advertido. Los enemigos de Sendero Luminoso tenían suerte si acaso recibían un aviso. Parte de la metodología del grupo terrorista para contener a sus críticos era avisar, amenazar y asesinar.

"Había criticado indirectamente a Sendero en mi homilía", dice el misionero. "Sé que Lucho me quería y admiraba, pero también sabía que si Sendero Luminoso—que le robó el alma—le pedía que me matara, él lo haría". Poco después de recibir el "aviso", Burns salió de Perú para tomar un pequeño descanso sabático.

En esa época, por lo menos 50,000 desplazados se habían refugiado al sur de Lima, huyendo de la violencia en las provincias durante los ochenta. "Muchos eran mis vecinos en Pamplona y muchos eran huérfanos y viudas, algunos cuyos familiares estaban desaparecidos”, dice Burns.

Es más, debido a su trabajo por la paz y la justicia, el misionero no era el único que corría peligro. Burns estaba preocupado por la familia con la que vivía en Pamplona—Clorinda y Jacinto Moreno y sus hijos. "Claro que me preocupaba esa familia", dice. "Pero si yo no estuviera comprometido a mi trabajo su situación sería más precaria con el tiempo. Teníamos que parar el terror. ¿Y qué si algo les pasaba porque yo hacía nada? ¿Cómo viviría sabiéndolo? Es un riesgo que tomamos y gracias a Dios salió todo bien".

Hoy, con Sendero Luminoso virtual-mente derrotado, con excepción de una pequeña fracción en la selva peruana, Burns aún sigue buscando justicia para los sobrevivientes y las familias de los casi 70,000 que murieron en esa violencia política. Después del reporte publicado en el 2003 por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, quedocumentó las atrocidades cometidas por ambas partes del conflicto de 20 años, Burns fundó el Capítulo del Sur de Lima de "¡Que no se repita!"

"El objetivo del capítulo es asegurarse que las recomendaciones del reporte se implementen", explica Burns, "recomendaciones que tratan de lidiar con reparaciones a las víctimas, con la impunidad y también con seguro de salud y títulos de propiedad para los refugiados".

Si sentirse pisando la tierra quiere decir estar consciente del dolor del pueblo, también quiere decir sentir su alegría, especialmente la felicidad de pertenecer. Burns pertenece a Perú y a los peruanos que lo han aceptado—literalmente—como uno de ellos.

"Cuando alguien me pregunta sobre mi familia, siempre incluyo a Tomás", dice Carmen Moreno, de 36 años de edad. "Yo tenía 8 años cuando él se mudó con nosotros; él no es el Padre Tomás para mí, él es Tomás, mi hermano, mi amigo".

Hace 28 años, los padres de Carmen, Clorinda y Jacinto, invitaron a Burns a vivir con ellos. "Cada vez que regresaba de noche, Jacinto y Clorinda me esperaban para hablar y comer algo. Nunca comí solo, como en los días que viví en la rectoría", comenta Burns. "Esta familia es mi familia. Soy el padrino de todos sus hijos y nietos. . . ¡Y también me malcrian mucho!"

La familia Moreno no es la única que cuida a Burns, también tiene a las familias de Maryknoll y de su parroquia que lo apoyan. Todos le recuerdan momentos que no le aceleran la respiración sino que le dan una profunda satisfacción. Él ha pisado la tierra y hecho camino al andar.

"Espero seguir caminando", dice Burns. "Somos gente del reino compartiendo on otros nuestra pasión por la vida, tratando de crear un mundo donde todos vivamos como uno".

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