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Revista
Por Tom Panas
Liderando con alma y corazón Libby Ramírez fue la primera líder hispana de la organización sin fines de lucro, Hijas Católicas de las Américas y ocupó el más alto cargo como Regente a nivel nacional. Hispanos en Estados Unidos
“Una bendición más allá de mis sueños más fantásticos”, dice Libby Ramírez, quien por dos años fue la Regente Nacional de las Hijas Católicas de las Américas (CDA). “Yo no lo busqué. Sólo puse mi futuro en las manos de Dios, seguí mi corazón, viví mi fe, hice mi trabajo y pasó. Fue realmente la voluntad de Dios”. Añade con una sonrisa: “¡Y estoy agradecida con el Señor por esto! Liderar las Hijas Católicas fue el momento culminante de una profunda jornada espiritual y recompensa personal”. Fue una jornada que empezó en 1983 cuando Libby se incorporó a su primera corte—los capítulos locales de las Hijas Católicas son llamados ‘cortes’, lo cual refleja la herencia hispana de la organización. Las Hijas Católicas fueron llamadas originalmente las Hijas de Isabel en honor a la Reina Isabel de España. Antes de unirse a la organización, Libby trabajó a tiempo completo y educó a su familia con su esposo Alfred, a quién perdió súbitamente debido a un
Libby se enteró que las Hijas Católicas fueron formadas en 1903 y tienen 85,000 miembros. La organización hace donaciones a personas necesitadas, auspicia eventos de caridad, administra programas de becas y se esfuerza por “ser manos que ayudan donde hay dolor, pobreza, pena y enfermedad”. Su lema es “unidad y caridad”. Las Hijas Católicas y Libby Ramírez encajaron desde el comienzo. Su ascendencia al liderazgo empezó casi de inmediato cuando la amiga que la presentó a la organización la recomendó como Directora de las Hijas Católicas Jóvenes de las Américas (CJDA) del Estado de Texas. A Libby le encantó trabajar con la juventud. “De muchas de las cortes, y otros cargos estatales y nacionales que he tenido en el transcurso de los años”, dice, “ser directora del grupo para jóvenes fue algo muy querido porque fui capaz de ayudarlas a empezar su jornada de fe”. Después de cuatro años como directora de JCDA del estado de Texas, su corte local animó a Libby a buscar otras posiciones de liderazgo en el estado. Poco después, ella “subió peldaños” en el liderazgo del estado, hasta alcanzar la posición más alta. Luego, empezó a subir “la escalera del liderazgo nacional”, lo cual culminó con su elección a la posición más alta dentro de la organización, Regente Nacional, en el 2008. Sus logros son especialmente impresionantes debido a que Libby no tuvo una formación privilegiada. Librada (su nombre hispano) nació en un pueblo rural de Port Lavaca, Texas, a unas 150 millas de Houston. Como muchas familias hispanas en el suroeste en ese entonces su familia era grande, de ingresos modestos y profundamente católica. (Libby es la undécima de 16 hijos) “Mi familia era muy devota”, recuerda Libby. “La oración diaria era obligación en nuestro hogar. Teníamos fe en Jesús, fe en nuestra familia, fe en cada uno de nosotros y fe en nosotros mismos. Esto me dio fortaleza para enfrentar la adversidad y tener una confianza interna que podía hacer algo por mí misma y hacer algo que valga la pena con mi vida”. Ella añade, “Mi herencia hispana fue la base de mi familia, me proporcionó una reverencia especial a mi fe católica y una profunda confianza en la oración, el trabajo fuerte y la confianza en Dios”.
Betty otra hija de Libby, añade, “Nosotros no venimos de un hogar típico hispano, en parte porque mi padre fue un niño adoptivo de padres alemanes. Nosotros visitábamos a mi abuela Leal, ‘mama’s mama,’ quien vivió cerca a nosotros en el mismo pueblo para nuestra experiencia cultural hispana. Mis primos, tías y tíos se reunían allí regularmente, con cada uno hablando español a 90 millas por hora. “Mama” nos traducía”. Libby disfruta los recuerdos de las visitas a la abuela Leal y aprecia su papel como traductora familiar. “Estoy realmente feliz de ser hispana”, dice ella. “También estoy feliz de ser mujer. Y feliz de ser católica. He traído a mi vida y a la posición de Regente Nacional quien soy: una mujer hispana católica”. “Y”, ella añade con énfasis y una sonrisa, “¡Estoy orgullosa de cada aspecto!” Cada aspecto también le ha dado la confianza y la iniciativa para decisivamente conocer una amplia variedad de personas. “La parte favorita de haber sido Regente Nacional fue asistir a eventos locales de Hijas Católicas en todo el país”, dice Libby. “He tenido el privilegio de conocer a miembros increíblemente brillantes y dedicadas de nuestra organización”. Libby añade, “Mi más grande apoyo en toda esta aventura fue mi esposo Alfred, mis hermanos y hermanas, y mis hijos. Aún cuando pensaba que ya no podía hacerlo, Alfred siempre decía, ‘Seguro que puedes’. Pienso que él estaría muy orgulloso ahora de ver que tenía razón: Podía y lo hice”. La sensación de admiración y apoyo es mutuo. “Creo que mamá hizo un gran trabajo con su familia y con las Hijas Católicas”, dice Betty. “Ella se aseguró de programar su trabajo con cda fuera de los eventos importantes en nuestras vidas. Cuando ella postulaba a nuevos puestos tratábamos de
Frances está de acuerdo, “Un factor importante de nuestra herencia hispana en nuestras vidas fue el respaldo y cercanía de nuestra familia. Nuestra cultura hispana fomenta lazos familiares muy fuertes. Tanto en las buenas y malas, nuestra familia siempre está junto a nosotros”. Ella añade, “Crecimos con una auto confianza que juega un papel importante en nuestras vidas. Tenemos nuestra herencia hispana que nos respalda. Hay muchas hispanas fuertes, mujeres católicas en nuestra historia cultural. Fallarle a ellas ahora sería una injusticia”. Libby y sus hijos saben que el final de su cargo de dos años como regente nacional es sólo otro paso en su largo camino con las Hijas Católicas. Muchos otros logros y actividades con las Hijas Católicas le esperan en el futuro. Pero mientras tanto será un gusto para sus hijos “sólo visitar y ver a mamá sin planearlo” y tener “más tiempo para descansar” juntos. Todos saben que ella pasará más tiempo de calidad con sus “mejores amigos”, su nieto Raymond y su nieta Sarah, “los amores de su vida”. Betty reflexiona, sobre la vida de su mamá y dice “Es un poco impresionante pensar que mi mamá, la pequeña niña del campo de Port Lavaca, viajó por todo el país, visitando a grupos de mujeres que la respetan, escuchan cada palabra que dice y simplemente la adoran”. “¿Quién se hubiera imaginado que la pequeña de primer grado quien recibió palmadas porque no entendía inglés sería una oradora elocuente, que lloro cada vez que escucho uno de sus discursos?” Lea más sobre los Padres y Hermanos de Maryknoll a www.maryknollsociety.org Para comunicarse con Revista Maryknoll This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it Ayuda a Padres y Hermanos de Maryknoll en su labor con los más vulnerables del mundo. | |||||||
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