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Para Maestros
De todo corazón
Este año, cinco Hermanas han participado en un programa de reflexión en preparación para la profesión final de sus votos como miembros de las Hermanas de Maryknoll de Santo Domingo.
Por

Por Mary Ellen Manz, M.M.


De izq. a dcha.: Hermanas Mi Young Sung, Mercy Mtaita. Ngoc Hà Pham, Rosalva Sandi y Magreth Mkenda en trajes tradicionales de sus países danzan un baile litúrgico significando sus deseos de entregar sus manos y vidas al servicio del Señor.


Hermana Rosalva Sandi saluda a mujeres de una de las comunidades cristianas que ella sirve en Timor Oriental.


Hermana Mi Young Sung lee una historia con niñas que aprenden a leer en su misión en Guatemala.

Este año, cinco Hermanas han participado en un programa de reflexión en preparación para la profesión final de sus votos como miembros de las Hermanas de Maryknoll de Santo Domingo. Cada una se compromete a un estilo de vida simple, de pobreza y castidad en obediencia a la voluntad de Dios.


La forma en que cada una de estas mujeres sintió el llamado a la vida religiosa es tan diversa como sus historias y un ejemplo de cómo Dios obra misteriosamente en cada uno de nosotros. Sin embargo, las cinco Hermanas tienen algo en común. Están listas para decir "sí" a vivir el resto de sus vidas como Hermanas de Maryknoll.

La Hermana Rosalva Sandi se ríe mientras recuerda, "En mis años de adolescente tuve una conversión a la fe, pero veía a las Hermanas como algo impensable para mí". Cuando fue mayor y trabajó en su carrera como experta en computadoras, dice, "Empecé a preguntarme, ¿cuál será mi compromiso de por vida? Fue entonces que escogí mi vocación: ser Hermana. Luego, busqué una comunidad que compartiera mis ideas. No conocía a ninguna Hermana en esa época y ¡ni siquiera había escuchado de Maryknoll!" Un sacerdote le sugirió ir a La Paz, Bolivia, a conocer a la Hermana de Maryknoll Marcelline Yurkovic, quien la invitó a saber más acerca de las Hermanas de Maryknoll. "Cuando leí la constitución de la Congregación", dice Sandi, "me llamó mucho la atención el carácter de la Madre Mary Joseph". Muy pronto, Sandi envió su solicitud de ingreso.

Cuando se le pregunta que es lo que le ayuda a decir "sí" a su compromiso, reflexiona: "Debo decir que extrañé mucho mi casa y sé que si Dios no hubiera estado conmigo no hubiera sobrevivido. Encuentro que en mi comunidad hay muchas cosas que aprecio cada vez más. Somos ocho Hermanas en Timor Oriental y todas somos diferentes. Hasta nuestro trabajo es diferente, pero tenemos valores muy sólidos y nos reunimos en las noches para cenar y compartir lo que hacemos. La que ha cocinado ese día también prepara la oración. "El compartir nos une en el aprecio de los dones de cada una".

Sandi profesará sus votos finales en Tailandia en enero 2010.

La Hermana Mi Young Sung, convertida al catolicismo, después de orar para conocer la voluntad de Dios sobre ella, se volvió miembro activa en una pequeña comunidad de laicas católicas que luchaban por la justicia y la libertad de la mujer en Corea del Sur. "Pero sentía que algo me faltaba, quería más compromiso, así que finalmente pensé en unirme a un grupo religioso", dice. "No fue fácil", recuerda, "no soy una persona fuerte o poderosa", pero un día mientras luchaba con sus temores para decirle "sí" a su vocación, ella vio la imagen de un hombre de rostro oscuro y triste y golpeado cuya inscripción tenía grabado el nombre de Jesús. Ella se dio cuenta que Jesús también se sintió débil y eso le dio el coraje para continuar.

En su misión en Guatemala, Sung continúa trabajando para una vida mejor para las mujeres de ese país, lejos de su querida familia en Corea. Una trabajadora social y una artista, ella comparte sus talentos estableciendo campañas de alfabetización para mujeres, y dándoles la oportunidad para desarrollarse y tomar el lugar en la sociedad que nunca antes tuvieron. Sung regresará a su misión en Guatemala y pronunciará sus votos finales allí con sus Hermanas de Maryknoll y las muchas mujeres con las que trabaja.

La Hermana Magreth Mkenda explica, "Cuando vi cómo las Hermanas vivían juntas y salían a ofrecer bondad y amor, especialmente a las mujeres en necesidad, empecé a sentirme atraída, y supe que era el llamado de Dios estar en Maryknoll. Yo sé que es ahí donde Dios quiere que esté".

Desde su asignación a Bolivia en el 2003, Mkenda, oriunda de Tanzania, ha estado usando sus habilidades como educadora en un orfanato dirigido por Hermanas Católicas en la ciudad de Cochabamba. Allí se ha involucrado profundamente en servicio a niños abandonados quienes han sido abusados física, emocional y sexualmente. Antes de regresar a Bolivia ella hizo sus votos finales en su pueblo natal, Kilimanjaro, entre la gente que la envió de su Iglesia en Tanzania al pueblo de Bolivia.

La Hermana Mercy Mtaita dice, "Yo conocí a las Hermanas de Maryknoll desde que era muy niña cuando vivíamos en el pueblo de Musoma, Tanzania. Mi mamá y mi papá fueron muy buenos amigos de las Hermanas Rosalie LaCorte and Mary Reese. De hecho, yo fui bautizada por un Padre de Maryknoll". Mtaita dice que ella era muy joven cuando pensó ser una Hermana, pero su madre siempre le decía: "Estás muy joven, primero tienes que ir a la escuela". No sólo la atrajeron las Hermanas de Maryknoll porque habían otras congregaciones en Morogoro, donde ella creció. Cuando cumplió 17 años de edad Mtaita pensó unirse a una organización internacional. Cuando le pidió al párroco recomendar una congregación a la que debía solicitar unirse, él le sugirió que ella se sentiría mucho más cómoda con las Hermanas de Maryknoll. El único problema era que no se podía unir a ellas hasta que cumpliera los 23 años, pero podía "mantenerse en contacto". Así lo hizo y Mtaita fue recibida en Maryknoll en agosto 2001.

"Hacer los primeros votos me dio mucho más miedo por lo desconocido. Ahora, ya sé lo que espero y me siento en casa" dice la joven misionera. Su primera asignación fue a Brasil donde tuvo que aprender portugués y mucho más: "Aprendía a escuchar más y más con mi corazón".

Al hablar con gente joven en una visita a Tanzania, Mtaita descubrió que la mayoría de ellos pensaba que las misiones eran sólo para blancos. No sabían que los africanos también pueden ser misioneros para otras culturas. Después de haber conversado con Mtaita han cambiado de opinión. Ella pudo compartir con ellos su propia experiencia y su júbilo. Mtaita escogió decir sus votos finales en New York antes de regresar a su misión en Brasil. Así que el 16 de agosto la capilla de la casa central de las Hermanas de Maryknoll vibró con música y danzas litúrgicas durante la Celebración Eucarística, en la que ella aceptó su compromiso de por vida con Dios como una Hermana de Maryknoll.

La Hermana Ngoc Hà Pham vio una revista de Maryknoll en una mesa de un hospital donde ella era enfermera. En la revista había un artículo titulado "Vietnam Revisitado". También había un cupón en la revista para vocaciones el cual ella llenó y envió a las Hermanas de Maryknoll, pero luego no le dio seguimiento. Un año después, viajó a Vietnam con algunos familiares. "Fue en ese momento", reflexionó, "mientras viajaba de sur a norte en Vietnam, y veía su belleza, que también pude ver la pobreza, el sufrimiento, lo duro que es la vida. Confirmé mi vocación". Finalmente, Pham contestó la invitación de las Hermanas de Maryknoll para unirse a ellas en el 2000.

Después de su primera profesión de votos, Pham fue asignada a unirse a nuestras Hermanas en El Salvador donde, después de aprender el idioma, trabajó en una clínica con pacientes de sida y enseñó métodos de educación en salud preventiva. Ella dice, "La vida en El Salvador es muy peligrosa debido a las pandillas callejeras y el fácil acceso a las armas de fuego". Debido a ese peligro, especialmente para los chicos, ella empezó una Biblioteca para la Paz para los niños, un espacio libre de toda la violencia que los rodea.

Antes de regresar a su misión en El Salvador Ngoc Hà Pham regresó a California y pronunció sus votos finales para que sus familiares y amigos pudieran todos estar con ella en esta ocasión tan especial.


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