Mayo/Junio 2012
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Para Maestros
Puerto Rico, Maryknoll y Compostela
Agustín y Norma Ayuso escucharon hablar de Maryknoll por primera vez hace más de 30 años en una parroquia de Puerto Rico.
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Por Robert Carleton, M.M.


Norma (izq.) y Agustín Ayuso, benefactores de Maryknoll, con Conchi una mujer que atiende a los muchos peregrinos en Santiago de Compostela.


Peregrinos con mochilas parados al frente de la Catedral de Santiago de Compostela.


Norma y Agustín toman un descanso con la madre de Agustín, Aida Lamadrid Prieto, en su casa en Puerto Rico.

Agustín y Norma Ayuso escucharon hablar de Maryknoll por primera vez hace más de 30 años en una parroquia de Puerto Rico.

"Me impresionó la manera que el sacerdote de Maryknoll describió su vida en las misiones", dice Agustín. "Las cosas en aquel entonces eran muy difíciles, pero a él se le veía muy feliz". Desde entonces, los Ayuso decidieron apoyar el trabajo misionero de Maryknoll a través de sus donativos y oraciones.

En una reciente visita a Puerto Rico, donde viví por dos años promoviendo la obra de Maryknoll, pude ver otra vez a mis viejos amigos. Actualmente, ellos viven en San Juan y son miembros de la parroquia Nuestra Señora de Belén en Guaynabo. Son miembros activos del programa de nueva evangelización, iniciado por el Papa Pablo VI y enfatizado por el Papa Juan Pablo II. "Los papas dijeron que el laicado tiene que predicar la Buena Nueva de nuevas maneras para que la gente tenga una experiencia personal con ellas", dice Norma. "Está formado por un pequeño grupo de personas que se reúnen semanalmente para leer la Biblia y hacerla nuestra".

"La gente viene a Misa los domingos, pero en realidad no nos conocemos. Cuando nos reunimos en grupos, podemos compartir nuestra experiencia de fe. Profundizamos en las Escrituras. Al tener un encuentro con Cristo, creces y sientes el llamado al servicio", dice Norma, y añade que en el grupo se identifican carismas individuales y las personas empiezan a ejercerlas en la comunidad.

Como parte de su servicio, Agustín es ministro de la Eucaristía y Norma enseña clases para la Primera Comunión.

Además, los Ayuso han iniciado una tradición espiritual. Cada verano, desde el 2000, realizan un peregrinaje a la Catedral de Santiago de Compostela, donde según la tradición, se encuentran los restos del apóstol Santiago.

Los Ayuso hicieron el peregrinaje de 500 millas desde la frontera francesa a través de la costa norte de España a Santiago de Compostela ¡a pie! No lo hicieron en un solo viaje. Dividieron su ruta en tres partes y volvieron cada verano hasta que terminaron en el 2003. ¡Ya me imagino las ampollas!

El peregrinaje sigue la tradición de la llegada del apóstol Santiago a la Península Ibérica como misionero. Las palabras campo y stela significan "campo de estrellas". Según la leyenda, una estrella guió al obispo local adonde Santiago estaba enterrado. Aunque el Vaticano no ha validado tal reliquia, éste ha sido un lugar sagrado de peregrinaje por más de 1,000 años. Los lugares de peregrinaje no son sagrados porque indican el lugar exacto de un evento o una reliquia. Se determinan por la fe del pueblo que viene a recordar y venerar a una persona o hecho.

Todos los peregrinos se inscriben y reciben el equivalente de un pasaporte que se estampa en lugares que se visitan. Se quedan en refugios o albergues donde sirven comidas simples y económicas. Un peregrino comentó que la conversación después de la cena es algo parecido a los Cuentos de Canterbury. Los peregrinos son de distintas partes del mundo. En 1986 había 2,491 peregrinajes oficiales. Veinte años después el número había subido a 98,000.

Como muchos peregrinos, al principio a Norma y Agustín les atrajo la aventura. Leyeron algunos libros, hicieron investigaciones y decidieron ir. Como muchos antes que ellos, quisieron regresar a la historia de la Iglesia. Siendo de descendencia española, el apóstol Santiago jugó una parte importante de la herencia y religión de los Ayuso. Así que en el verano del 2000 iniciaron la primera parte de su peregrinaje de tres años. Viajaron las 195 millas (312 km) desde León a Santiago de Compostela en 17 días, descansando en algunos pueblos.

"Nos encantó el primer viaje tanto cultural como espiritualmente", relata Norma "que decidimos que era la mejor manera de tomar vacaciones cada año. Habíamos caminado sólo una parte de la ruta principal en España, El Camino Francés, desde León a Santiago, el primer año. Regresamos por tres o cuatro semanas cada año para seguir esa y otras rutas documentadas y accesibles para la experiencia peregrina".

"Fue un retiro espiritual. Dejamos atrás nuestra rutina y responsabilidades para estar en comunión con Dios. Admirando la bella naturaleza, fue muy fácil rezar. Cuando estaba muy cansada, me dolía el cuerpo, cuando llovía o había mucho calor, ofrecía ese sufrimiento a Dios. Cuando llegábamos a nuestro destino, dábamos gracias a Dios. Por el camino paramos en iglesias y capillas para rezar, o descansábamos en el bosque y a las laderas de los ríos. La peregrinación me llevó a crecer espiritualmente a través de una cercanía a Dios".

Le pregunté a Norma y Agustín si había una relación entre el amor, el apoyo a Maryknoll y sus nueve peregrinajes a Santiago de Compostela. Agustín explica que Maryknoll hace lo que Jesús nos pide que hagamos: "Ve y lleva la Buena Nueva a todos".

"Ayudamos a Maryknoll con donativos, pero también trabajamos en nuestra parroquia en Nueva Evangelización, catequesis, visitando al enfermo, etc. Podemos hacer lo que Jesús nos pide porque Él está con nosotros. Estamos atados a la viña que es Jesús, quien nos da su Espíritu. Pero, para ser fuertes en nuestra fe, tenemos que tener tiempo libre, ir a un retiro o al desierto a rezar. Nuestros viajes a Compostela nos han dado fuerzas para continuar siendo fiel a Jesús y la misión que Él quiere que completemos en nuestras vidas para construir su Reino", dice Agustín.


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