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Cuentos Misioneros
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Cuentos Misioneros, Julio-Agosto2011 Cuentos Misioneros son relatos de misioneros, afiliados de Maryknoll y voluntarios quienes hayan realizado servicio misionero de corto tiempo. Cuentos Misioneros por Julio-Agosto 2011 La tienda donde se alquilan teléfonos celulares todavía no estaba abierta cuando necesité hacer una llamada al doctor esta mañana en un pueblo de Bangladesh. En la cabina donde venden los boletos para el ómnibus pregunté si podían alquilarme un teléfono por unos minutos. El empleado me dio su teléfono celular y en su presencia hice unas llamadas para ponerme en contacto con tres familias cuyos niños necesitaban tratamiento. Cuando le pregunté al empleado cuánto le debía por las llamadas, él rehusó recibir el billete de 10 takas, equivalente a 0.14 centavos de dólar, que le estaba alcanzando. “Cuéntelo como mi contribución para ayudar a los niños”, explicó. Esta es otra buena razón por la que no tengo un teléfono celular personal. Brinda a las personas una oportunidad para participar en el trabajo de curar a los niños enfermos.Robert McCahill, M.M. En el barrio de El Cedro, en El Salvador, un grupo de mujeres trabajan para ganar un dinerito y ayudar a sostener la familia. Algunas nunca fueron a la escuela y lo más que otras tienen es una educación de cuarto grado. En sus casas hacen pequeños paños con encajes bordados para proteger las comidas y las bebidas de los insectos o para usarlos como sobremesas. Estamos trabajando juntas para producirlos en grupos y venderlos. Las ganancias se reparten entre las mujeres y una porción queda ahorrada para el grupo. Nadie se enriquece, pero cada centavo cuenta. Cuando Olivia Santos recibió su parte, exclamó, “Ahora le puedo comprar zapatos a mi hijo”. Otra señora, Lillian, dijo que iba a comprar fertilizante para su siembra de maíz. Margo Cambier, MKLM Poco después de llegar a El Salvador, me pidieron que cuidara a 20 niños y niñas mientras que sus padres asistían a una reunión. Había planeado un número de actividades para entretener al grupo, incluyendo enseñarles una película. Durante la película no me percaté que tres de los chicos más grandes no estaban hasta que oí un tremendo ruido en el baño. Corrí y me quedé fría al ver que habían sacado el lavabo de la pared y que uno de los chicos trataba inútilmente de parar con sus manos el agua que brotaba como un géiser de la cañería. No sabía qué hacer, si gritarles o reír. Esto sólo demuestra que no importa donde estén, los chicos son siempre chicos. Debbie Northern, MKLM Recientemente, la Hermana de Maryknoll Marilyn Belt falleció en Cochabamba, Bolivia, después de muchos años de servicio en este país, donde sirvo como misionero laico de Maryknoll. Fue una mujer fuerte y estuvo en actividad hasta unos meses antes de fallecer. Aunque nadie de su familia biológica en Estados Unidos pudo asistir a su funeral, su muerte reunió a su familia de Padres, Hermanos, Hermanas y misioneros laicos de Maryknoll en Bolivia. Justo el año pasado, por estar en misión, no pude asistir al funeral de mi abuela en Estados Unidos, pero ahora pude asistir al funeral de la Hermana Marilyn como un “nieto” en nuestra familia Maryknoll. Fue una experiencia que revela lo que sólo alcanzamos a describir con palabras. La familia de misioneros de Maryknoll se juntó por casualidad, pero se mantiene unida por el amor de uno para todos, es un vivo ejemplo del mensaje de Jesús—todos somos familia. La familia de la Hermana Marilyn en Bolivia no sólo estuvo limitada a los misioneros de Maryknoll. La Iglesia estaba llena de bolivianos quienes se convirtieron en su familia por el amor de ella hacía ellos. Ser un modelo de la familia de Dios, por nuestro amor de uno por el otro, puede ser lo más importante que uno de nosotros pueda lograr en misión o en la vida. Jason Obergfell, MKLM | |||||||
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