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Cuentos Misioneros
Cuentos Misioneros, Septiembre-Octubre 2011

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Cuentos Misioneros por Septiembre-Octubre 2011

Blanca, de 42 años de edad ha sido casi ciega desde que nació. Ella y su hijo discapacitado viven con sus padres. Blanca comenzó a perder la poca vista que tenía en su buen ojo. El médico que la atendió le recomendó que fuera a una escuela para ciegos antes de que perdiera la vista totalmente. La escuela, que queda bastante lejos, es gratuita y nosotros ayudamos con el transporte y el costo de material. Como Blanca no podía viajar sola, José la acompañaba. José viajaba seis horas y Blanca tres al día.
Después de unos días en la escuela, Blanca estaba ansiosa y quería hablar con nosotros. Pensamos que algo pasaba, que quizás a Blanca no le gustaba la escuela. En cuanto comenzó a hablar, Blanca se transformó en una animada joven escolar. Estaba tan contenta que no se podía sentar tranquila. Con mucho entusiasmo nos dijo que ella nunca había asistido a la escuela. Ahora tomaba clases para aprender a leer, escribir, Braille, higiene personal, ser ama de casa, a caminar con bastón, a coser. Esperaba terminar el programa de dos años. Felicitaciones a Blanca, su papá y todas las personas que luchan para tener mejor calidad de vida.
Margo Cambier, MKLM

¿Quieren curarse de una alergia? ¡Métanse en un barco de copra! Esa fue una gran experiencia que tuve en las Islas Marshall. Yo no paraba de estornudar debido al polvo, olores, etc., así que tenía que tomar medicina para aliviarme todas las mañanas. Pero este predicamento paró de existir cuando fui en un barco de copra de Tinak Atoll a Majuro Atoll. Copra se compone de la masa del coco seco que produce un olor bien malo especialmente cuando cientos de sacos de copra son cargados en un bote. Sin embargo, pronto me di cuenta que para mí fue una bendición porque mi alergia desapareció por lo menos por tres años.
Aurora de la Cruz, M.M.

En India casi toda la gente manda sus sandalias a arreglar en vez de comprar nuevas porque cuesta poco. Los zapateros en la calle son a veces relegados como “intocables” porque trabajan con el pellejo de una vaca en las calles sucias de India, los categorizan como impuros. Un día decidí visitar un zapatero cerca de mi casa en Bangalore, donde trabajé como voluntario por dos años. El zapatero coció la suela y dio brillo a los zapatos. Me cobró como 4 dólares, y le llevó 20 minutos arreglarlos. Un hombre parado en la esquina comenzó a protestar porque el zapatero me había cobrado mucho simplemente por ser extranjero. No quise envolverme en una disputa y me marché. Pasé por donde el zapatero casi todos los días y él me paraba para inspeccionar su trabajo en mis zapatos.
Robert C. Carlsen, colaborador de Maryknoll

Unos 10 años atrás, Samueli llegó a nuestro Hogar de Compasión en  Musoma, Tanzania, donde los más pobres de los pobres son bienvenidos. Cuando empezó a beber alcohol en exceso su familia lo abandonó. Los Siervos de Amor, como le llamamos a los voluntarios que trabajan con la gente en nuestra casa, encontraron a Samueli en un hospital, adonde había sido llevado luego de haber sido encontrado inconsciente en una calle de la ciudad. Cuando los voluntarios le contaron al Padre Godfried Biseko, fundador de nuestro hogar, el sacerdote pidió al hospital que diera de alta a Samueli y lo enviara a vivir con nosotros.
He visto como ha ganado confianza en sí mismo al sentirse bienvenido. Todos los días, lo ayudo a bañarse y a ejercitarse. La oración de la Coraza de San Patricio dice: “Cristo delante de mí, Cristo detrás de mí, Cristo dentro de mí”. No puedo sino recocijarme ante la presencia de Jesús a través de un hombre llamado Samueli.
Michael Bassano, M.M.

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