Marzo/Abril 2012
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Serie Espiritual
El futuro de la misión

Por Edward Dougherty, M.M.

Buenas Nuevas

Durante nuestro año centenario, Maryknoll ha sido marcado por momentos de gracia. El Hermano Conrad Fleisch, quien como Maryknoll cumplió 100 años, personifica nuestro espíritu: firme en el trabajo y la oración. Y vimos la ordenación del Padre Rodrigo Ulloa-Chavarry, quien nació en Guatemala y ha empezado su misión en Nepal. Él tipifica la nueva pléyade de Maryknoll—jóvenes nacidos en el extranjero, quienes han venido a Estados Unidos a encontrar su vocación o continuar la que fue interrumpida por eventos en sus países. Forman parte del rostro cambiante de Maryknoll y de la Iglesia en Estados Unidos.

Estas vocaciones son directa o indirectamente fruto de las semillas que hemos plantado durante la última centuria. Este año, nuestros misiólogos redactaron una reflexión por nuestro centenario. Preguntan cómo podemos planear el futuro misionero de una manera práctica. “No podemos hacer lo de antes” dicen. “¿Dónde enfocaremos nuestra actividad misionera y qué dejaremos de hacer?”

Desde nuestros inicios reconocimos nuestro deber de marchar. Como dicen los misiólogos: Maryknoll piensa menos en desarrollar un territorio misionero y más en trabajar al servicio de la Iglesia local. Por eso, Maryknoll ha apoyado el crecimiento de congregaciones y sociedades misioneras en varios países del mundo. Incontables hombres y mujeres de África, Asia, América Latina y Oceanía se han unido o asociado a grupos misioneros bajo nuestra orientación.

Hay tantas posibilidades para el futuro. Tenemos, dicen nuestros expertos, una vasta experiencia, incluso de miembros que todavía están activos en la misión ad gentes (a las naciones).

Damos gracias a Dios por sus bendiciones durante estos 100 años y también a nuestros compañeros en misión: Las Hermanas, Misioneros Laicos, Afiliados, benefactores, empleados y todos aquellos quienes con su presencia, oraciones y recursos han sido parte de nuestro pasado y comparten nuestra esperanza en el futuro.

La misión de Cristo siempre será nuestro norte. Nuestros métodos y rostros cambiarán, pero nuestra sociedad misionera permanecerá.

Como los discípulos, continuaremos teniendo fe en el Señor, y confiando en que el Espíritu Santo nos ayude a ir a todas las naciones para predicar las Buenas Nuevas de Jesucristo.

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