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Revista
Por Sean Sprague
Trovador de compasión Es domingo por la mañana en la aldea de Kigera. La Misa acaba y un grupo de tanzaneses pobres saludan al Padre de Maryknoll Michael Bassano. Afuera se oye por radio alegres canciones africanas. Al oir la música, ancianas, niños desamparados, sobrevivientes de traumas, moribundos y enfermos mentales bailan como pueden con el Padre Mike antes de regresar a sus rutinas diarias. El sacerdote sabe lo que le espera. Dobla con cuidado su alba, se queda en camisa y pantalón y procede a cambiar los urinales de los ancianos y los impedidos.
Bassano levanta al anciano Ernesti de su silla de ruedas teniendo cuidado de los muñones que le dejó la lepra. Una de sus piernas está amputada, sus manos son inútiles. El Padre lo carga hasta el baño, lo lava y le unta aceite en su piel reseca. Después, siempre sonriente, camina por el patio para bromear con un chico llamado Obama. Luego, se arrodilla para consolar a Kangayangoli, una mujer que llora sentada en la tierra polvorienta. Un anciano con tuberculosis se detiene a charlar. De ahí, empuja a Consolata en su silla de ruedas. La mujer se cayó de un árbol y está paralítica. Dondequiera que va, el Padre Bassano lleva amor y carisma y deleita a todas las personas que ayuda.
El Hogar fue instalado en 1988 por un sacerdote local, el Padre Godfrey Biseko, quien en sus acciones se parece a la Madre Teresa. Afectado de ver tanto pobre y enfermo en las calles de Musoma, la capital regional, él les ofreció refugio y cuidado a los desposeídos al abrir el Hogar de Compasión, y luego otros dos pequeños hogares, todos financiados por donaciones que él solicitaba de benefactores locales. El Padre Godfrey es conocido y querido y viaja en una ambulancia roja, siempre buscando a los enfermos y a las personas sin hogar para ofrecerles albergue y cuidado. La casa es dirigida por 12 mujeres devotas llamadas "Sirvientas de Amor". Sin tener afiliación religiosa alguna, viven y trabajan como si fueran Hermanas religiosas dedicadas a servir a los pobres, siguiendo los principios de San Francisco de Asis. Ellas viven en las casas, atienden a los enfermos, los ancianos, los olvidados. Cocinan para todos, limpian los dormitorios y ofrecen amor y compasión. El Padre Bassano se une a ellas en su rutina diaria después de celebrar la Eucaristía como sacerdote católico.
Bassano supo del centro cuando estudiaba swahili en la escuela de idiomas de Maryknoll cerca de Musoma. El Padre Godfrey vino y lo invitó a visitar el Hogar de Compasión. "¡En cuanto vi el lugar supe que quería quedarme allí!", explica el misionero. "La primera persona que conocí fue Ernesti, un anciano quien se recupera de la lepra. Él me dio la bienvenida con estas palabras: 'Estoy feliz que estés aquí conmigo'. Luego me miró y me dijo: '¿De qué tribu eres?'" El sacerdote sabe lo importante que es la identidad tribal en África así que contestó "¡De la tribu italiana-americana!" En cuanto terminó en la escuela de idiomas en diciembre del 2008, Bassano comenzó a trabajar en el Hogar. Su día comienza a las 4:30 a.m. para tener unos momentos privados antes que suene la alarma a las 5:30 a.m. Para esa hora muchos están levantados y si son católicos o están interesados van a la Misa de las 6 de la mañana. Después comienza la tarea: limpiar urinales, recoger los mosquiteros, levantar y bañar a los hombres. Bassano está encargado de varios de los ancianos y las "Sirvientas de Amor" de las mujeres y sus familias.
Las 40 personas que viven en el Hogar tienen diferentes necesidades, y como dice Bassano, "todos son bienvenidos, bien sean retrasados mentales, impedidos, personas recuperándose de lepra, jóvenes sin hogar, mujeres abusadas o sexualmente abusadas y sus hijos. Vienen y los tratamos como familia". La gente no está acostumbrada a que un sacerdote les sirva de esa manera y a veces le preguntan: "¿Por qué soy tan importante para usted que es sacerdote? Se supone que usted es más importante que yo, mejor que yo, ¿por qué está aquí?" Y él les responde: "Vine a vivir contigo, a ayudarte con tus necesidades, y tú me puedes ayudar a mí. Es recíproco. Ellos saben que quiero estar aquí. Ellos ven la compasión". Desde Chile a Tailandia a Tanzania, Bassano ve la compasión como algo fundamental en su misión. El misionero describe su vocación personal: "Es más que ser sacerdote, más que ser un misionero. Es ser un trovador de compasión, es ser un servidor del Señor". Atardece y es hora para que, sobre la hierba y bajo un árbol de mango a las afueras del refugio, Bassano dramatice el Evangelio de San Mateo. El Lago Victoria brilla en la distancia. Unos cuantos pescadores se paran para observar. Los mayores se sientan a la sombra, los niños corretean. Bassano sabe interpretar ese Evangelio; lo hacía en Chile, lo tiene memorizado. Ha simplificado la versión para presentarla en swahili. Con sotana blanca y los brazos en alto predica el sermón de la montaña deleitando a los chicos risueños, y dice, "Felices los afligidos porque serán consolados". Para un video sobre este artículo, visite www.revistamaryknoll.org Para más información sobre los Padres y Hermanos de Maryknoll visite www.maryknollsociety.org | |||||||
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