Mayo/Junio 2012
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Trovador de compasión
Es domingo por la mañana en la aldea de Kigera. La Misa acaba y un grupo de tanzaneses pobres saludan al Padre de Maryknoll Michael Bassano. Afuera se oye por radio alegres canciones africanas. Al oir la música, ancianas, niños desamparados, sobrevivientes de traumas, moribundos y enfermos mentales bailan como pueden con el Padre Mike antes de regresar a sus rutinas diarias. El sacerdote sabe lo que le espera. Dobla con cuidado su alba, se queda en camisa y pantalón y procede a cambiar los urinales de los ancianos y los impedidos.
Por Sean Sprague

"De la Eucaristía al urinal" es cómo describe su vida en el Hogar de Compasión en Kigera, un centro de servicios donde gente pobre, enfermos y desamparados encuentran albergue. El sacerdote de 63 años, nacido en Binghamton, Nueva York, vive aquí desde el 2008, es consciente del sufrir humano y no le importa limpiar vómitos u orines. Bassano sirvió en un hospicio en Tailandia para enfermos de sida donde cambió pañales de hombres adultos o ayudó a moribundos a ir al baño, siempre con ternura y compasión. Sirvió más de 10 años en Asia y 10 en Chile antes de sentir que era hora de cambiar el rumbo de su vida misionera. Así encontró el Hogar de Compasión.

Bassano levanta al anciano Ernesti de su silla de ruedas teniendo cuidado de los muñones que le dejó la lepra. Una de sus piernas está amputada, sus manos son inútiles. El Padre lo carga hasta el baño, lo lava y le unta aceite en su piel reseca. Después, siempre sonriente, camina por el patio para bromear con un chico llamado Obama. Luego, se arrodilla para consolar a Kangayangoli, una mujer que llora sentada en la tierra polvorienta. Un anciano con tuberculosis se detiene a charlar. De ahí, empuja a Consolata en su silla de ruedas. La mujer se cayó de un árbol y está paralítica. Dondequiera que va, el Padre Bassano lleva amor y carisma y deleita a todas las personas  que ayuda.

El Hogar de Compasión tiene una extensión de una cuadra y está situado cerca a las bucólicas orillas del Lago Victoria. Tiene un patio grande con edificios de barro y metal corrugado de un solo piso. El recinto tiene dormitorios, baños, cocinas, comedores, clínica y cuartos para los trabajadores, incluyendo una habitación para el Padre Mike, todo alrededor de una iglesia.

El Hogar fue instalado en 1988 por un sacerdote local, el Padre Godfrey Biseko, quien en sus acciones se parece a la Madre Teresa. Afectado de ver tanto pobre y enfermo en las calles de Musoma, la capital regional, él les ofreció refugio y cuidado a los desposeídos al abrir el Hogar de Compasión, y luego otros dos pequeños hogares, todos financiados por donaciones que él solicitaba de benefactores locales. El Padre Godfrey es conocido y querido y viaja en una ambulancia roja, siempre buscando a los enfermos y a las personas sin hogar para ofrecerles albergue y cuidado.

La casa es dirigida por 12 mujeres devotas llamadas "Sirvientas de Amor". Sin tener afiliación religiosa alguna, viven y trabajan como si fueran Hermanas religiosas dedicadas a servir a los pobres, siguiendo los principios de San Francisco de Asis. Ellas viven en las casas, atienden a los enfermos, los ancianos, los olvidados. Cocinan para todos, limpian los dormitorios y ofrecen amor y compasión. El Padre Bassano se une a ellas en su rutina diaria después de celebrar la Eucaristía como sacerdote católico.

El misionero explica: "Cuando vamos de la Eucaristía a los urinales, rezamos, pero si la oración no está inspirada por el servicio compasivo a niveles de base entonces es sólo una oración. Tenemos que vivir esa compasión de Dios de una manera concreta. Así lo creo yo".

Bassano supo del centro cuando estudiaba swahili en la escuela de idiomas de Maryknoll cerca de Musoma. El Padre Godfrey vino y lo invitó a visitar el Hogar de Compasión. "¡En cuanto vi el lugar supe que quería quedarme allí!", explica el misionero. "La primera persona que conocí fue Ernesti, un anciano quien se recupera de la lepra. Él me dio la bienvenida con estas palabras: 'Estoy feliz que estés aquí conmigo'. Luego me miró y me dijo: '¿De qué tribu eres?'" El sacerdote sabe lo importante que es la identidad tribal en África así que contestó "¡De la tribu italiana-americana!" En cuanto terminó en la escuela de idiomas en diciembre del 2008, Bassano comenzó a trabajar en el Hogar.

Su día comienza a las 4:30 a.m. para tener unos momentos privados antes que suene la alarma a las 5:30 a.m. Para esa hora muchos están levantados y si son católicos o están interesados van a la Misa de las 6 de la mañana. Después comienza la tarea: limpiar urinales, recoger los mosquiteros, levantar y bañar a los hombres. Bassano está encargado de varios de los ancianos y las "Sirvientas de Amor" de las mujeres y sus familias.

Después de esas tareas el misionero descansa un poco y se une a los demás para desayunar. Maíz y frijoles se ha cocinado en grandes ollas desde el amanecer y todos comen juntos. Bassano primero le sirve a las personas en la mesa o en el suelo antes de comer su sencillo alimento.

Las 40 personas que viven en el Hogar tienen diferentes necesidades, y como dice Bassano, "todos son bienvenidos, bien sean retrasados mentales, impedidos, personas recuperándose de lepra, jóvenes sin hogar, mujeres abusadas o sexualmente abusadas y sus hijos. Vienen y los tratamos como familia".

La gente no está acostumbrada a que un sacerdote les sirva de esa manera y a veces le preguntan: "¿Por qué soy tan importante para usted que es sacerdote? Se supone que usted es más importante que yo, mejor que yo, ¿por qué está aquí?" Y él les responde: "Vine a vivir contigo, a ayudarte con tus necesidades, y tú me puedes ayudar a mí. Es recíproco. Ellos saben que quiero estar aquí. Ellos ven la compasión". Desde Chile a Tailandia a Tanzania, Bassano ve la compasión como algo fundamental en su misión.

El misionero describe su vocación personal: "Es más que ser sacerdote, más que ser un misionero. Es ser un trovador de compasión, es ser un servidor del Señor".

Atardece y es hora para que, sobre la hierba y bajo un árbol de mango a las afueras del refugio, Bassano dramatice el Evangelio de San Mateo. El Lago Victoria brilla en la distancia. Unos cuantos pescadores se paran para observar. Los mayores se sientan a la sombra, los niños corretean. Bassano sabe interpretar ese Evangelio; lo hacía en Chile, lo tiene memorizado. Ha simplificado la versión para presentarla en swahili. Con sotana blanca y los brazos en alto predica el sermón de la montaña deleitando a los chicos risueños, y dice, "Felices los afligidos porque serán consolados".

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