Marzo/Abril 2012
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Llamarlos pos su nombre
Javier, un niño de 5 años, flaquito, está colorado, tiene fiebre y sufre dolor. Está acostado en el suelo solo en un colchón sucio en una habitación cuya única luz se filtra por una ventana rota. Javier vomita en el suelo de cemento al lado de su cama. Una muchacha que trabaja en el orfanato, quien también es víctima de violencia, le grita enojada y le dice que lo limpie.
Por Erin Rickwa

Presencié esta escena en un orfanato en Santa Cruz, Bolivia. Fui a Bolivia como misionera laica salesiana en 1995 después que me gradué de la universidad. Pasé dos años allí trabajando en un orfanato para niños abusados y abandonados que vivían en la calle. Fue durante este tiempo que conocí a mi esposo, Spencer, quien también era misionero salesiano.

Yo todavía no era madre, pero sentí que toda la humanidad le había fallado a los niños del mundo cuando dejó que una escena como esta sucediera. Javier y su hermanito de tres años, Ramiro, llegaron a este orfanato víctimas de la migración. Muchas familias continúan migrando a Santa Cruz desde los Andes. Muchos no pueden encontrar trabajo, darles de comer a sus familias, o mandar a sus hijos al colegio. Algunos padres caen en el alcohol o las drogas. Muchas mujeres, solas y con miedo, no tienen los recursos para cuidar de sus hijos quienes son abandonados en la calle.

Lo mismo pasa en Tijuana, San Salvador, Nairobi, Phnom Penh, Calcuta y muchas otras ciudades. Sin la protección de sus padres, los niños son extremadamente vulnerables y un gran número de ellos son expuestos a la violencia, abuso físico y emocional, explotación, esclavitud, y a veces hasta la muerte. Unicef estima que hay 132 millones de huérfanos en África, Latinoamérica y el Caribe. Naciones Unidas define a los huérfanos como niños sin el cuidado de sus padres, estén estos vivos o muertos.

Durante mi misión en Bolivia, pasé seis semanas en el Instituto de Idiomas de Maryknoll en Cochabamba. Fue una bella manera de empezar a comprender la espiritualidad de Maryknoll. Los sacerdotes de Maryknoll tenían una estupenda manera de poner en palabras todas mis emociones y pensamientos acerca de lo que significa servir al pobre. Mi visión del mundo se puso de cabeza cuando tuve la experiencia del orfanato. Al hablar con los sacerdotes y leer sobre la visión de Maryknoll, me sentí comprendida e inspirada a seguir adelante a pesar de querer tratar de comprender porqué hay tantas personas vulnerables sufriendo en el mundo.

Spencer y yo conocimos al Padre de Maryknoll Michael Gould, quien era el único sacerdote para muchas comunidades cerca al pueblo boliviano de Okinawa, donde Spencer enseñaba en una escuela rural de secundaria. El Padre Mike nos trató como si fuéramos misioneros laicos de Maryknoll. Nos trajo alimento y mercancías, y más importante, nos dio sustento espiritual. Él caminaba con el pueblo a quien servía y proclamó el Evangelio más con el ejemplo de su vida que con sus palabras.

Después que regresamos de Bolivia, Spencer y yo tuvimos dificultad en encontrar una comunidad de personas quienes habían caminado con los pobres y con quienes pudiéramos compartir nuestra intención de tener una vida misionera en Estados Unidos.

Nos unimos a los Afiliados de Maryknoll cuando se inició un nuevo grupo en San Diego, California, en el 2002. El grupo es una estupenda mezcla de alegría y apoyo mutuo. Nuestros amigos afiliados siempre están presentes para escuchar cuando compartimos la lucha de criar a nuestros hijos en una cultura que parece promover la violencia y el materialismo en los feriados, los programas de televisión, las tiendas, y los eventos que atendemos. Es refrescante asistir a nuestra una reunión mensual de afiliados sabiendo que no estamos solos cuando tratamos de criar hijos que sean pacíficos y buenos. Cada uno de nuestros miembros sirve al pobre de algún modo. También lo hacemos en conjunto con actividades como la de nuestro reciente viaje a uno de los orfanatos que ayuda Bridges to Healing International, una organización sin fines de lucro fundada por Spencer y yo que busca que los niños que viven en orfanatos pobres reciban cuidado médico.

Bridges to Healing fue fundada en honor a niños como Sebastián NN, un niño boliviano de 6 meses de nacido quien murió el 12 de febrero de 1996. Sebastián fue el nombre que le dieron en el orfanato. "NN" (no nombre) es el apellido que se le da a los niños abandonados. Murió de desnutrición y deshidratado debido a la falta de atención médica. Lo enterramos en una tumba pobre, en un campo con mala hierba junto a otros muertos sin nombre. Cuando lo enterramos me sentí conmovida y triste pensando en su mamá, quien si estaba viva nunca sabría dónde lo enterraron. ¿Cómo llegó a pasar esto? ¿Cómo le fallamos a este niño? Mi consuelo fue pensar que la Virgen María lo recibiría con amor en sus brazos, llamándole por su nombre, y que él ya no era más un huérfano sin nombre. La idea de Bridges to Healing comenzó en este pobre cementerio en Bolivia. De nuestra experiencia en Bolivia, Spencer, quien es doctor, y yo, una trabajadora social, hemos hecho a la misión parte de nuestras vidas. Siempre quisimos regresar a Bolivia, el segundo país más pobre del hemisferio occidental, para establecer asistencia médica en los orfanatos. Iremos en un viaje de misión de corto tiempo a Cochabamba de julio a noviembre del 2012. Trabajaremos con la comunidad de Maryknoll y estableceremos un programa de asistencia médica usando recursos locales para que la ayuda continúe después que nos marchemos. Nuestro objetivo es recaudar fondos, emplear una enfermera boliviana para el orfanato y entrenarla para que continúe el trabajo.

Jesús lo dijo claro: debemos dar tratamiento preferencial a los pobres y marginados. Debemos tomar una decisión consciente de hacer tiempo en nuestras vidas ocupadas para buscar al necesitado, ayudarlo y caminar con él. Hace poco, visité un orfanato que nuestro grupo de afiliados visita en Tijuana, México. Una niñita de 6 años, Gaby, acababa de llegar. Una enfermera le preguntó cómo se sentía. "Mi cabeza me duele, pero no quiero una pastilla para eso, ¿tiene una pastilla que pueda tomar para morir?" dijo la niña. ¿Qué habrá pasado en la corta vida de esta niña, que prefiere morir? Por eso es que debemos dar prioridad en ayudar al más pobre. El sufrimiento es a veces mucho más de lo que uno puede comprender, pero sé que no podemos ignorarlo a pesar de lo doloroso que es oír estas historias. Para mí esto es misión, forzarme a regresar, oír las historias, llorar con los que sufren, estar presente y saber que ellos me dan mucho más de lo que yo les puedo dar.

Para más información sobre el programa Bridges to Healing visite www.bridgestohealing.org.

Para más información sobre los Afiliados de Maryknoll visite www.maryknollaffilates.org

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